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 'A QÎ D A

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nadia hmaidi

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MensajeTema: 'A QÎ D A   Vie 13 Ago 2010 - 1:37


PRIMER TRATADO

Primera Parte, Segunda parte, Tercera parte

En el nombre de Allâh, el Compasivo y Misericordioso

Que Allâh bendiga a nuestro profeta Muhammad
y a su Familia y Compañeros y les de paz


La primera obligación que recae sobre la persona adulta que se encuentra en sus plenas facultades mentales es la de conocer a Allâh, su Señor, y Sus Mensajeros.

Y ello ya que el sentido de la existencia del ser humano es el de adorar a su creador:

"Y no he creado a los genios y a los hombres sino para que Me adoren" (Corán, sûra de Las que levantan un torbellino "adh-Dhariyât", 56).

De ahí que el ser humano esté obligado a conocer a quién adora, ante quién se postra, cual es la finalidad última de su vida, el secreto de la existencia y, por lo tanto a quién es a quien hay que obedecer.

Asimismo, la adoración con conocimiento es superior a la del desconocimiento según el dicho del Profeta, la paz sea con él. Por lo que el conocimiento del adorado es necesario.

De Allâh hay que conocer trece atributos necesarios y la negación de sus opuestos.



Estos trece atributos son los siguientes:



1. la Existencia (al-Wudjûd) ,

2. el No-Comienzo (al-Qidam),

3. la Infinitud (al-Baqa'),

4. la Unicidad (al-Wahadâniyya),

5. la Independencia (al-Ginà),

6. la Diferencia con lo Creado (Mujâlafatu-l-Hawâdith) ,

7. la Vida (al-Hayât),

8. el Poder (al-Quwwa),

9. el Conocimiento (al-'Ilm),

10. la Voluntad (al-Irâda),

11. el Oído (as-Sam'),

12. la Vista (al-Basar),

13. la Palabra (al-Kalâm) .

Estos atributos, son de creencia obligatoria en lo que Allâh se refiere.



En cuanto a la negación de los opuestos, estriba en negar los atributos opuestos a los anteriormente enumerados en lo que a Allâh se refiere, los cuales son los siguientes:



1. la Inexistencia (al-'Adam),

2. el Comienzo (al-Hudûth),

3. la Finitud (al-Fanâ'),

4. la Pluralidad (Nafyu-l-Wahda),

5. la Dependencia (al-Iftiqâr),

6. la Similitud a lo Creado (Mumâthalatu-l-Hawâdith),

7. la Compulsión (al-Karâha),

8. la Incapacidad (al-'Adjz),

9. la Ignorancia (al-Djahl),

10. la Muerte (al-Mamât),

11. la Sordera (as-Samam),

12. la Ceguera (al-'Amà),

13. la Mudez (al-Bakam).

Estos atributos que acabamos de enumerar, es necesario creer que son imposibles en lo que a Allâh se refiere.



A continuación procederemos a examinar con más detalle cada uno de los atributos obligatorios e imposibles en lo que a Allâh se refiere.

En cuanto a la Existencia,

es necesario creer que Allâh existe y que su inexistencia es imposible.

Racionalmente, es claro que el mundo, la existencia o la creación, como quiera que se le quiera denominar, no podría nunca haber llegado a ser sin la intervención de un agente externo a ésta que hubiese establecido su comienzo. Pues las cosas existentes, sean de la naturaleza que sean no encierran en su seno - a causa de su propia contingencia y de su sometimiento a las vicisitudes espacio-temporales - la capacidad de ser o no ser. Todo lo existente puede ser o no ser. Qué es pues lo que las ha llevado a ser y no a no ser, sino Allâh, exaltado sea. Por lo tanto, todo ser creado no es más que un signo (âya) que indica hacia Aquél que lo ha creado, que lo ha llevado de la nada al ser. Por lo tanto, Allâh existe necesariamente y la Existencia es uno de sus atributos, siendo su Inexistencia impensable ya que tanto la Revelación, la Creación como el intelecto humano prestan testimonio de la Existencia Obligatoria del Ser Supremo.

La prueba textual que fundamenta dicha creencia es el dicho de Allâh en el Corán

" ¿Acaso puede haber duda acerca de Allâh, el Creador de los cielos y de la tierra...?" (Corán, sûra de Ibrâhîm, 10).

En cuanto al No-Comienzo,

es impensable que Allâh haya tenido un comienzo,

ya que si así fuese cabría preguntarse quién fue, pues, el que a su vez le creó, lo cual hace caer en un círculo vicioe ilógico. Por lo tanto es, obligatorio creer que Allâh nunca tuvo comienzo.

Su prueba textual es el dicho de Allâh El es el Primero y el Ultimo (Corán, sura del Hierro, 3).

En Cuanto a la infinitud

Del mismo modo, hay que creer que Allâh es Infinito, o sea que nunca tendrá fin,

ya que lo que nunca tuvo comienzo no puede tener fin. Asimismo, es obvio que al ser su existencia necesaria, no puede afectarle la caducidad, finitud o aniquilación.

La prueba textual de ello radica en la misma aleya coránica anterior: Él es el Primero y el Ultimo (Corán, sura del Hierro, 3).

En cuanto a su Unicidad

es necesario creer que Allâh es Uno en su Esencia, Atributos y Actos

La prueba de su Unicidad consiste en que si hubiese más de un dios, sus voluntades colisionarían anulándose la una a la otra. Y ante la voluntad de Allâh nada ni nadie se puede alzar en contra. Por lo tanto, es necesario creer que Allâh es Uno en su Esencia, Atributos y Actos.

La prueba textual se halla en la aleya coránica:

Di Él es Allâh, Uno (Coran, sura de la Adoración Pura "Ijlâs", 1).

En cuanto a su independencia de las cosas,

se refiere a que Allâh no necesita de ningún ser para existir ni de ninguna esencia en la que existir.

Ello quedó ya claro cuando establecimos que todas las cosas creadas necesitan de alguien que les lleve a la existencia, mas Allâh no, ya que El, exaltado sea, nunca ha dejado ni dejará de ser. Su ser es independiente de todas las cosas, pero todas las cosas dependen de El. Asimismo, no precisa de esencia en la que existir ya que, a diferencia de los cristianos, los musulmanes no creemos que la Divinidad sea un atributo que se establece en una esencia. Pues los cristianos, al creer que la Divinidad es un atributo, llegan a afirmar que Jesús, la paz sea con él, es "divino". Para nosotros los musulmanes, nada puede ser divino más que la propia Divinidad. La Divinidad no es un atributo que se atribuye a ciertos seres creados, sino una esencia totalmente independiente del resto de la creación. Por lo tanto Allâh es totalmente independiente.

La prueba textual de ello radica en la aleya coránica: Allâh es el Rico (Corán, sura de Muhammad, 38).

En cuanto a su diferencia con respecto a los seres creados

Allâh, glorificado sea, es totalmente distinto y diferente a los seres creados.

Si Allâh tuviese algún tipo de semejanza con los seres contingentes, sería contingente como ellos, lo cual, como ya hemos establecido, es totalmente imposible. De ahí que nada de lo que podamos imaginar o concebir se parece de modo alguno a Allâh, exaltado sea. En cuanto a las aleyas coránicas que aparentemente sugieren algún tipo de antropomorfismo, como las que hablan de la faz de Allâh, la mano de Allâh, etc., estamos obligados a:

1. Aceptarlas tal y como son sin preguntarnos nada acerca de su significado. Y esta era la postura de los primeros musulmanes.

2. Interpretarlas a la luz de las aleyas anteriores en las que se establece la no-semejanza de Allâh con respecto al resto de las criaturas, buscando una interpretación que exima a Allâh, exaltado sea, de ningún tipo de semejanza con las criaturas. Y esta es la postura de las generaciones posteriores de ulemas. Ambas posturas son totalmente aceptables. Lo que no debemos nunca es tomar el significado literal y por lo tanto atribuirle a Allâh miembros, ya que así caeríamos en el antropomorfismo. O sea, dotar a Allâh de atributos humanos.

La prueba textual está establecida en las aleyas coránicas:

Y no hay nadie que se Le parezca (Corán, sûra de la Adoración Pura "Ijlâs", 4) y

No hay nada como El (Corán, sûra de la Consulta "ash-Shûra", 11).

En cuanto al establecimiento de los cuatro atributos siguientes:

la Vida, el Poder, el Conocimiento y la Voluntad,

y la negación de sus opuestos es claro ya que si Allâh no poseyese dichos atributos el mundo no podría nunca haber existido.

En efecto, cómo podría, pues, Allâh haber creado el mundo sin el Poder, el Conocimiento, la Voluntad y la Vida necesarias para diseñar y crear la increíble maravilla que es el Cosmos y la Creación. No hay más que observar y reflexionar sobre los signos que vemos dentro y fuera de nosotros mismos para darse uno cuenta del Poder, Voluntad, Conocimiento y Vida infinitos del Creador, exaltado sea.

Las aleyas que lo prueban son:

Allâh, no hay dios sino El, el Viviente, el Sustentador (Corán, sûra de la Familia de 'Imrân, 2);

Allâh es Poderoso sobre todas las cosas (Corán, sûra de la Vaca, 148);

Allâh es conocedor de todas las cosas (Corán, sûra de la Mesa Servida, 97);

El que hace lo que quiere (Corán, sûra de las Constelaciones "al-Burûdj", 16).

Con respecto a los tres últimos atributos,

el Oído, la Vista y la Palabra,

están establecidos por el Corán, la Sunna y el Consenso de la Comunidad de Musulmanes, pues son atributos de perfección, y constituiría un defecto el hecho de que Allâh estuviese desprovisto de ellos.

Entre aleyas que respaldan dichos atributos figuran las siguientes:

Allâh es Quien oye y Quien ve (Corán, sûra de la Peregrinación, 61);

Y a Mûsà le habló Allâh directamente (Corán, sûra de las Mujeres, 164).

Por consiguiente, ha quedado establecido la obligatoriedad de atribuir a Allâh los trece atributos anteriormente mencionados y la imposibilidad de atribuir a Allâh los opuestos de dichos atributos.

A continuación , ha de quedar claro que Allâh es libre de hacer en Su Reino a voluntad

Tu Señor crea lo que quiere y elige (Corán, sûra del Relato "al-Qisas", 68).

Sus actos son el resultado de Su Voluntad y Su Poder, los cuales no están constreñidos por límite alguno. El ha creado este mundo tal y como lo ha creado, pudiendo haber sido de otra manera; pero, por Su Voluntad, El ha querido que sea tal y como es.

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 PRIMER TRATADO
( Segunda Parte )


En el nombre de Allâh, el Compasivo y Misericordioso

Que Allâh bendiga a nuestro señor Muhammad
y a su Familia y Compañeros y les de paz

Una vez establecido quién es Allâh, nos queda conocer qué quiere Allâh de nosotros.

Todas las criaturas llevan insertadas en su ser, en sus instintos, en sus genes la ley que Allâh ha decidido que sea la que les rija. La piedra, cuando caiga y se precipite, lo hará según la ley de gravedad que Allâh ha diseñado para ella: hacia abajo. El león se atendrá en sus hábitos alimenticios a lo estipulado por Allâh qué debe ser su alimento: la carne. Y así sucesivamente. Todas las criaturas conocen, porque lo llevan insertado - instalado, por usar un símil informático - en sí mismas la ley que ha de regir sus existencias. Y no sólo este es el caso, sino que les es totalmente imposible desobedecer dicha ley. Allâh les ha diseñado para la obediencia total. Si observamos la Naturaleza y el Cosmos, veremos que todo en su creación y destrucción funciona como una grandiosa máquina de precisión absoluta.

Es el hombre la única criatura que no conoce la ley que Allâh ha diseñado para él y que, aun conociéndola, es capaz de transgredirla. Precisamente este primordial detalle, es el que constituye la grandeza y la bajeza del ser humano. Es su grandeza, ya que siendo libre de obedecer o no a su Creador, si decide obedecerle, se eleva por encima del resto de las criaturas - incluso los ángeles - ya que éstas no tienen capacidad de desobedecer a Allâh.

Y cuando dijimos a los ángeles: ¡Postraos ante Adam! (Corán, sûra de la Vaca, 34).

Del mismo modo, esto mismo constituye su propia bajeza ya que, si no obedece la ley que Allâh ha diseñado para él, cae incluso más bajo que los animales los cuales nunca se apartan de lo que Allâh ha establecido para ellos:

Son como animales de rebaño o peor aún en su extravío (Corán, sûra al-A'râf, 179).

Por eso, el ser humano, el cual no lleva en su propio instinto insertada la ley que la Divinidad ha elegido para él, una vez que conoce a la Divinidad, a Allâh, ha de buscar agradarle cumpliendo lo que Allâh exige de él que haga.

¿Cómo, pues, saber qué es lo que agrada y desagrada a Allâh?

Allâh, en su infinita misericordia, nos ha hecho llegar a través de Sus Mensajeros las buenas nuevas y la advertencia. Nos ha informado de los límites que no debemos de transgredir y nos ha concedido por medio de los Mensajeros un modelo de conducta de Su agrado.

Por lo tanto, el ser humano recibe de Allâh a través de Sus Mensajeros el conocimiento necesario y las pautas suficientes para la realización de la finalidad para la que ha sido creado: adorar a Allâh.

Y no he creado a los genios y a los hombres sino para que Me adoren
(Corán, sûra de las que Levantan un Torbellino "adh-Dhariyât", 56).

A continuación, pues, estableceremos el segundo y fundamental aspecto de la creencia islámica:
el conocimiento de los Mensajeros de Allâh.
De los Nobles Mensajeros hay que conocer tres atributos necesarios y la negación de sus opuestos. Esto tres atributos son los siguientes:


1. la Veracidad (as-Sidq),


2. la Confianza (al-Amâna),


3. la Transmisión (at-Tablîg).

En cuanto a la negación de los opuestos, estriba en negar con respecto a los Mensajeros los atributos opuestos a los anteriormente enumerados, lo cuales son los siguientes:


1. la Mentira (al-Kadhib),


2. el Engaño (al-Jiyâna),


3. el Encubrimiento (al-Katmân).

A continuación procederemos a examinar con más detalle cada uno de los atributos obligatorios e imposibles en lo que a los Mensajeros de Allâh se refiere.

Con respecto a la Veracidad de sus dichos,

su significado estriba en que todo lo proferido por los Mensajeros se adecua completamente a la realidad. Su prueba radica en los milagros que Allâh hizo aparecer de la mano de los Mensajeros como prueba ratificadora de la verdad de su discurso. Es impensable que Allâh apoye con milagros a alguien que no dijese la verdad. Por lo tanto, es necesario creer que todo lo que dicen los Mensajeros es verdad, siendo, pues, impensable que la mentira salga de sus bocas.

En cuanto a la Confianza,

se define en este nuestro contexto como el hecho de que los Mensajeros nunca desobedecen el mandato divino, por lo que nunca incurren en prohibición alguna. En efecto, cómo podrían, pues, cometer algo prohibido (harâm) o desaconsejable (makrûh) los Mensajeros si Allâh nos ha ordenado que les imitemos es sus dichos y hechos.

Di: Obedeced a Allâh y al Mensajero (Corán, sûra de la Familia de 'Imrân, 32).

Por lo que podemos tener total confianza imitando el comportamiento de los Mensajeros sin esperar de ellos engaño alguno, pues todo lo que ellos hagan es del agrado de Allâh, por lo tanto nuestra imitación de ellos es, asimismo, de Su agrado. Dice Allâh:

Di: Si amáis a Allâh, seguidme, que Allâh os amará y perdonará vuestras faltas (Corán, sûra de la Familia de 'Imrân, 31).

Que Allâh, pues, les bendiga a todos ellos sin excepción.

En cuanto a la Transmisión,

se trata de la cualidad de transmitir absolutamente todo lo que su Señor les ha ordenado que transmitiesen sin que se dé por parte de ellos encubrimiento alguno. Su prueba es en términos generales la misma que sustenta la cualidad anteriormente mencionada, o sea la de la Confianza. Ya que si la confianza es, según nuestra definición, la absoluta obediencia a Allâh en todos sus actos, el transmitir lo que les ha ordenado queda englobado en el conjunto de lo ordenado por Allâh y ejecutado sin merma alguna por Sus Mensajeros.

Asimismo, tenemos que añadir a estos tres atributos necesarios con respecto a los Mensajeros y a la negación de sus opuestos, el hecho de que los Mensajeros pueden estar afectados por los accidentes propios que afectan al resto de los seres humanos, como es el hambre, la enfermedad, el daño causado por otras personas, etc., siempre y cuando ello no suponga un defecto que afecte al alto rango del que gozan. Esto en sí encierra una virtud, la cual radica en el recuerdo continuo del poco valor que esta vida mundana posee, produciendo un ardiente deseo constante de encontrarse con Allâh en la próxima vida. Ya que Allâh, exaltado sea dijo:

La Ultima Vida será mejor para ti que la primera. (Corán, sûra de la Claridad de la Mañana "ad-Duhà", 4).

Para cerrar nuestro discurso sobre la naturaleza de los Mensajeros, tenemos que añadir un último elemento y es el declarar que los musulmanes no hacen diferencia alguna entre los Mensajeros, según la aleya coránica que dice:

No aceptamos a unos Mensajeros y negamos a otros (Corán, sûra de la Vaca, 285).

La única diferencia radica en que mientras el resto de los Mensajeros anteriores fueron enviados cada uno a su pueblo, el Mensajero de Allâh Muhammad, la paz y las bendiciones de Allâh sean con él, fue enviado a toda la Humanidad; siendo, pues, su mensaje el último y definitivo, y el cual perdurará hasta el final de los tiempos.

En la doble frase que expresa el primer pilar del Islam, esto es el doble testimonio: Ashhadu an lâ ilâha illa Allâh wa Ashhadu anna Muahammadan rasûlu-l-lâh, testifico que no hay más dios que Allâh y testifico que Muhammad es el Mensajero de Allâh queda comprendido y resumido todo lo anteriormente expuesto. De ahí que entre las cosas que otorgan grandeza a ese doble testimonio se encuentre la gran cantidad de significados que entraña en tan pocas palabras. Por eso este doble testimonio ash-shahâdatain constituye el símbolo del Islam de quien lo pronuncia. No aceptándose otra fórmula que no sea esa para quien desee entrar en el Islam.

Es por eso por lo que los sabios aconsejan que el creyente llene los instantes de su vida con el dhikr (mención y recuerdo) de esa frase.

Pues el Profeta, la paz sea con él, dijo:

"Lo mejor que hemos dicho tanto yo como los profetas que me precedieron es: lâ ilâha illa Allâh wahdahu lâ sharîka lah (no hay dios sino Allâh, Unico y sin asociado)",

transmitido por el Imâm Mâlik en su Muwatta.

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PRIMER TRATADO

( Tercera Parte )

En el nombre de Allâh, el Compasivo y Misericordioso

Que Allâh bendiga a nuestro señor Muhammad
y a su Familia y Compañeros y les de paz



Tras nuestra exposición de la creencia islámica, procederemos a la definición de los tres elementos que constituyen este nuestro Dîn (modo de vida).

EL ISLAM (la Sumisión)

El Islam es la obediencia a Allâh de los siete miembros (la lengua, el oído, la vista, el estómago, las manos, los pies y los genitales). Cuando la obediencia es de todos los miembros, el Islam es completo. Sin embargo, si la obediencia es sólo de alguno de ellos, el Islam o es incompleto o inexistente, si es la lengua la que desobedece al negarse a pronunciar el doble testimonio.

Los Pilares del Islam, esto es: las bases obligatorias sobre las que se fundamenta, son cinco:

EL DOBLE TESTIMONIO (ASH-SHAHADATÂN):

Estriba en pronunciar el doble testimonio anteriormente citado, su comprensión y aceptación. Este pilar es la condición indispensable para la validez de los cuatro pilares siguientes.

LA ORACION (AS-SALÂ):

Consiste en la realización correcta de las cinco oraciones obligatorias.

LA PURIFICACIÓN DE LA RIQUEZA (AZ-ZAKÂ):

El pago de un impuesto concreto según unos mínimos establecidos sobre la riqueza acumulada consistente en oro y la plata, el ganado y las cosechas. Y ello para su distribución entre ocho categorías de necesitados.

EL AYUNO (AS-SIYÂM):

Es el ayuno del mes de Ramadán, en el que no se come, bebe, fuma o se mantiene relaciones sexuales desde el rayar del alba a la puesta del sol.

LA PEREGRINACIÓN (AL-HADJ):

Consiste en peregrinar a la Casa de Allâh (la Caaba) en La Meca y a la llanura de 'Arafât una vez en la vida si se puede.


EL ÎMÂN (la fe)

Radica en creer firmemente en lo siguiente:

ALLÂH:

Creer en su existencia, eternidad, unicidad, etc. según lo expuesto al principio de este tratado, donde se especifica lo obligatorio, lo imposible y lo posible con respecto a Allâh, exaltado sea.

LOS LIBROS REVELADOS (AL-KUTUB):

Creer que se trata de la Palabra de Allâh Eterna que Allâh hizo descender sobre algunos de Sus Mensajeros. Creer que todo lo que estos Libros contienen es verdadero.

LOS MENSAJEROS (AR-RUSUL):

Creer en los Mensajeros según lo expuesto al principio donde se especifica lo obligatorio, imposible y posible con respecto a ellos. Sin hacer diferencias entre ellos y concediéndoles el alto respeto que se merecen. Que Allâh les conceda paz a todos ellos.

LOS ANGELES (AL-MALÂ'IKA):

Creer que son siervos de Allâh que no Le desobedecen. Son los embajadores de Allâh entre Sus criaturas procediendo con ellas según El les ordene. Toda información que traen de Su Señor es absolutamente verídica .

LA RESURECCION (AL-BA'TH):

Creer en que la resurrección de los muertos es una realidad que acontecerá sin duda alguna. Saldremos de nuestras tumbas para ser juzgados por nuestras acciones.

EL DECRETO (AL-QADAR):

Creer que lo que Allâh ha decretado que ocurra, desde antes de la creación, ocurrirá y que lo que ha decretado que no ocurra nunca tendrá lugar. Todo lo bueno y lo malo que sucede en la creación es por decreto divino.

EL SENDERO (AS-SIRÂT):

Se trata de un puente tendido sobre el por el que tendrán que transitar los siervos. Habrá quien lo cruce raudo y veloz, otros más lentamente y otros no lograrán transitarlo precipitándose en el averno. Es obligatorio creer en la existencia y la realidad de dicho puente.

LA BALANZA (AL-MîZÂN):

Creer en la realidad de la existencia de la Balanza, la cual constará de dos platillos y un fiel donde las acciones de los siervos serán pesadas. Hay que advertir que es falsa esa extendida creencia en la que si los actos de obediencia sobrepasan a los de desobediencia entonces entramos al Jardín; y si son los de desobediencia los que sobrepasan, entonces vamos al fuego. Aunque nuestros actos de obediencia sean como montañas y los de desobediencia no sean más que uno, siempre estamos sometidos a la Voluntad de Allâh. Ya que Allâh puede castigarnos por el acto de desobediencia y premiarnos por todos los de obediencia o perdonarnos el de desobediencia. Al hacerse el Recuento de las Acciones (hisâb), el siervo conoce cuáles de sus actos de obediencia han sido aceptados y cuáles de sus actos de desobediencia han sido perdonados y por cuáles será castigado. Luego, al ser dichas acciones pesadas en la Balanza, el siervo conocerá la cantidad de recompensa (thawâb) que le será concedida por sus actos de obediencia aceptados (ta'ât) y la cantidad de castigo ('iqâb) que sufrirá por sus actos de desobediencia que no han sido perdonados (mujâlafât).

EL ESTANQUE DEL PROFETA (HAWD AN-NABÎ):

Se trata de un estanque que Allâh concede al Profeta, la paz sea con él, cuyo agua es más blanca que la leche y más dulce que la miel. Del Estanque del Profeta no beberán más que los miembros de su Comunidad. Quien de ese Estanque beba jamás volverá a sentir sed.

EL JARDIN (AL-DJANNA) Y EL FUEGO (AN-NÂR):

Creer que son reales y que están dispuestos para quien quiera Allâh su gloria o tormento. En el Jardín, todo placer perdura en intensidad como en el primer momento de sentirlo. Aquí en este mundo todo placer se debilita e incluso se torna en dolor a medida que transcurre. Ello demuestra que este mundo no está diseñado para cubrir nuestras ansias de placer, ya que los placeres realmente no satisfacen y cansan. En el Jardín del Edén, sin embargo, todo placer es disfrutado siempre como si fuera el primer instante. De ahí que se diga que el ser humano está diseñado para morar en el Jardín, ya que ahí es el único lugar donde todas nuestras aspiraciones de placer alcanzan el absoluto. Especialmente, en el más elevado e intenso de los placeres: la contemplación de la Faz de Allâh.

En cambio, en el Fuego del Infierno, al no existir muerte ni desvanecimiento que nos exima del dolor, éste dura continuamente sin que podamos acostumbrarnos a él. Todo dolor es como en el primer momento de su acontecer. ¡Que Allâh nos libre de entrar en el Fuego!

Asimismo, hemos de advertir que quien muera en la fe del Islam no permanecerá eternamente en el Fuego aunque tenga que entrar en él y permanecer un cierto tiempo. Los únicos que permanecerán eternamente en el Fuego son los que, tras llegarles el mensaje del Islam, lo hayan rechazado: Y realmente los que, de la Gente del Libro y los asociadores, se hayan negado a creer, estarán en el fuego de Djahannam eternamente. Esos son lo peor de la Creación. (Corán, sûra de la Evidencia Clara, 6).

Aparentemente podría uno pensar que el Îmân o la calidad de mu'min (creyente) sólo la adquiere quien crea en lo anteriormente expuesto, siendo así que los alfaquíes tratan de creyente a todo aquel que crea en Allâh y los Mensajeros. La respuesta a ello radica en que la creencia en los Mensajeros implica tanto la creencia en ellos como su mensaje, y su mensaje contiene todos los artículos del Îmân que hemos expuesto y más.




EL IHSÂN (la corrección interior)

Su significado es ejecutar correctamente, en su sentido interno, los actos de adoración dotándolos de sinceridad (ijlâs), apocamiento (jushû'), total concentración (farâg al-bâl) y consciencia del adorado (murâqaba al-ma'bûd). De ahí que Ibn Djuzayy lo califique como "fiqh de lo interno". Ya que, al igual que el fiqh en su sentido externo nos hace conocer el procedimiento correcto para ejecutar la adoración en lo que a los miembros externos se refiere para así adquirir un Islam correcto, el tasawwuf (sufismo) o "fiqh interno" nos da a conocer los estados del corazón apropiados que deben de acompañar a los actos de adoración llevándonos a adquirir el Ihsân.

Este perfeccionamiento de la adoración es lo que realiza completamente al ser humano, el cual no ha sido creado más que para adorar a su Creador.

El ihsân consta de dos niveles.

Primero, y más elevado, en el que el corazón del adorador es tan consciente de la realidad de Allâh que parezca que Le está viendo con sus propios ojos.

Segundo, en el que el adorador es consciente de que Allâh le está observando constantemente en todo lo que hace.

Ambos estados tienen como resultado el proporcionar al adorador apocamiento ante la grandeza y la majestad de su Creador (jushû'), adquiriendo, pues, una profunda gnosis (ma'rifa) de Éste. Por lo tanto, nuestra cortesía (adab) con el Adorado si no llegamos a verle, es perseverar en la ejecución correcta de Su adoración ya que Él no cesa en ningún momento de vernos.


Estos tres aspectos, Islam, Îmân e Ihsân son las tres facetas de nuestro Dîn (modo de vida), cuyo origen se encuentra en el famoso Hadîth de Jibrîl, la paz sea con él, cuando éste dirige varias preguntas al Profeta, que Allâh le bendiga y conceda paz, ante sus Compañeros para, así, enseñarles su Dîn.

¡Oh, Allâh! Bendice a nuestro Señor Muhammad, Tu Siervo y Mensajero, el Profeta iletrado, y a su Familia y Compañeros y concédeles paz.

Exaltado sea tu Señor, el Señor del Poder, por encima de todo lo que describen; paz sobre los Mensajeros; y alabado sea Allâh, Señor de los mundos.

FIN DEL PRIMER TRATADO
http://www.islammexico.org.mx/Fundamentos/Aqida/Aqida_primero_C.htm
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http://nadylla-miamorporelislam.blogspot.com/
 

'A QÎ D A

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