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 Educación coránica para las mujeres

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nadiamustafa

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MensajeTema: Educación coránica para las mujeres   Miér 15 Dic 2010 - 6:42

Assalamu Aleikum

La reflexión que a continuación haremos se basa en 5 aleyas de la Sura Al-Ah-zab, la número 33, las cuales tienen una relación directa con la educación que el Corán les da a las esposas del Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam. Esto, porque para lograr formar un hogar virtuoso y lograr alcanzar la perfección humana se necesita de una educación especial, que lleve al individuo a elevarse por encima de lo superficial y se interese por lo que en realidad es esencial y verdadero. Las aleyas a las que hacemos referencia son las siguientes, en las que Al-lah Dice (lo que se interpreta en español): {¡Oh, mujeres del Profeta! No sois como las demás mujeres; si teméis a Al-lah, no habléis con voz dulce, de modo que quienes tengan sus corazones enfermos sientan alguna atracción, hablad pues recatadamente. Y mejor permaneced en vuestras casas, [pero si salís] no os engalanéis como lo hacían [inadecuadamente] las mujeres de la época pre-islámica, y haced la oración, pagad el Zakah y obedeced a Al-lah y a Su Mensajero; ciertamente Al-lah Quiere Apartar de vosotros todo pecado, ¡Oh, familia del Profeta!, y Purificaros. Y transmitid los preceptos de Al-lah y la sabiduría [la Sunnah] que se mencionan en vuestras casas. Ciertamente Al-lah es Sutil y está bien Informado de lo que hacéis. Al-lah les tiene reservado Su perdón y una gran recompensa a los musulmanes y las musulmanas, a los creyentes y las creyentes, a los piadosos y las piadosas, a los justos y las justas, a los pacientes y las pacientes, a los humildes y las humildes, a aquellos y aquellas que hacen caridades, a los ayunadores y las ayunadoras, a los pudorosos y las pudorosas, y a aquellos y aquellas que recuerdan frecuentemente a Al-lah. Un verdadero creyente o una verdadera creyente no deben, cuando Al-lah y Su Mensajero hayan dictaminado un asunto, actuar en forma contraria; y sabed que quien desobedezca a Al-lah y a Su Mensajero se habrá desviado evidentemente.} [Corán, 33: 32-36]

La primera de todas las reflexiones que podemos destacar, es la forma en cómo Al-lah se Dirige al interlocutor, Atrayendo su atención y Abriendo su corazón para que atienda los preceptos que a continuación va a Prescribir o Enseñar.

La segunda, es el honor que Al-lah les Concede a estas mujeres, que Al-lah Esté complacido con todas ellas, al Reconocerlas como las esposas de Su Mensajero y Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, Señalándoles el puesto tan importante que ocupan, no solo en la vida de Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, sino de la Ummah islámica a lo largo del tiempo hasta el final.

La tercera, la tenemos en que Al-lah las Destacó como las mejores mujeres de este mundo, toda vez que se apeguen a Sus mandatos y los de Su Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, por ello les Dice: {No sois como las demás mujeres; si teméis a Al-lah…}. Esto porque, el hecho de ser las esposas del Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, no es más que un privilegio, pero no les concede una posición superior a las demás mujeres, a menos que sean y continúen siendo piadosas, esto lo aclara el Corán en otro aparte: {Al-lah Expone como ejemplo para los incrédulos a la mujer de Noé y a la mujer de Lot: ambas estaban casadas con dos de Nuestros siervos justos, pero les traicionaron [en la fe], y [Noé y Lot] no pudieron hacer nada [por ellas] ante Al-lah. Y se les dirá: “Entrad ambas en el Fuego junto con los demás condenados”. Y expone como ejemplo para los creyentes a la mujer del Faraón [que era una verdadera creyente], cuando dijo: “¡Oh, Señor mío! Constrúyeme, junto a Ti, una morada en el Paraíso y sálvame del Faraón y de sus terribles obras. Sálvame de este pueblo inicuo”.} [Corán, 66:10-11]; y es sabido que las esposas del Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, fueron las más virtuosas y piadosas de las mujeres que han puesto pie en la tierra, nunca faltaron a una orden de Al-lah; tanto así, que si alguien duda de la virtud, piedad y sinceridad de cualquiera de ellas cae en la herejía, pues no solo difama a una de las madres de los creyentes, como se les conoce a todas, sino que también está difamando a Al-lah y a Su Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam.

El hecho de que Al-lah Haya Hecho de las esposas del Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, las mejores mujeres del mundo, por su virtud y piedad, no debe ser entendido como que las ordenes que en estas aleyas se dictan son exclusivas para ellas, pues las demás son llamadas a seguir el ejemplo de las madres de los creyentes, que Al-lah Esté complacido con todas ellas, aunque nunca van a alcanzar el nivel de fe, entrega, devoción y convicción al que ellas llegaron. Sin embargo, toda musulmana debe procurar seguir al máximo el modelo establecido por las esposas del Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, quienes recibieron educación de primera mano de aquel a quien se nos ordeno seguir en todos nuestros asuntos, Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam.

La siguiente lección que podemos destacar tiene relación directa con el comportamiento de la mujer musulmana en público, pues el Islam no prohíbe que la mujer salga y tenga una vida social, pero para ello establece una serie de preceptos que deben ser aplicados para que el bienestar e integridad de la mujer, la familia y la sociedad prevalezcan. En estas aleyas encontramos una serie de principios al respecto, Dice Al-lah (lo que se interpreta en español) {…no habléis con voz dulce, de modo que quienes tengan sus corazones enfermos sientan alguna atracción, hablad pues recatadamente…} El recato es una característica de las creyentes, no es represión; por el contrario, es un valor que debe rescatarse para que la mujer sea valorada por lo que es y no por lo que aparenta. Además, para proteger su dignidad e integridad, de los arrebatos que puede causar su forma de hablar en los hombres cuyo corazón está enfermo; y cuántos de estos hombres no hay en nuestras sociedades, que visten el disfraz de galán y equilibrado frente a la gente, pero en realidad son lobos con piel de cordero.

Continuamos extrayendo lecciones valiosas del comportamiento de una creyente, en base a las directrices dictadas por Al-lah, Altísimo, en unas aleyas de Sura Al-Ah-zab, la número 33, en las que Al-lah Describe el modelo que debe seguir la musulmana. El último punto sobre el que hablábamos era la forma en que debe hablar la mujer en presencia de hombres que no son parte de sus Mahram (hombres frente a los cuales puede quitarse el hiyab (velo), como su padre, esposo, hermanos, tíos, sobrinos, suegro, hijos, nietos y yernos). Decíamos que el Islam permite que la mujer tenga vida social, pero esta depende de una serie de principios que aseguran la integridad de la misma mujer, de su familia y la sociedad entera. Todo esto porque dentro de los presentes, puede haber uno o varios hombres que pueden caer presas del encanto de la voz de la mujer, si ella no se cuida de hablar con dulzura y sexapil.
Continuado con las reflexiones, tenemos que luego de que Al-lah Prohíbe que la mujer hable con dulzura, Dice (lo que se interpreta en español): {…hablad pues recatadamente…}, esto para Aclararles que si alguien les dirige la palabra, deben responderle de forma adecuada, hablando normalmente. Esta aclaración la Hace para que no hayan malos entendidos al respecto y se piense que la mujer no puede hablar, o que si lo hace debe ser dura y áspera. Para que esto no suceda la mujer debe seguir tres principios en su forma de hablar, pues la orden de recato no implica únicamente la forma en cómo se expresa, sino que tiene que ver también con las palabras que salen de su boca, estos principios son:

1. Que no sea brusca, grosera o desagradable.
2. Que no sea dulce ni coqueta al hablar, como cuando dice: “Porfis… ay, hazlo por mí…” etc.
3. Que cuando hable con hombres ajenos a ella o frente a ellos, diga solo lo que es necesario, ni más ni menos.

La mujer musulmana debe tener en cuenta siempre estos tres principios para no ser tosca y ofensiva, o dulce y coqueta; por ello, debe limitarse a lo mínimo y no entrar en conversaciones con hombres que no son sus Mahram, por más cercanos que estos sean a su marido o a su familia.

Luego nos Dice Al-lah (lo que se interpreta en español): {…Y mejor permaneced en vuestras casas, [pero si salís] no os engalanéis como lo hacían [inadecuadamente] las mujeres de la época preislámica…}; en este aparte, Al-lah Recomienda que la mujer no salga de su casa si no hay necesidad de hacerlo; en ningún momento es una orden de condena a prisión perpetua, pues a la mujer le está permitido salir toda vez que ella se apegue a las reglas de comportamiento, etiqueta y vista islámicas. Al respecto encontramos un hadiz del Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, en el que nos dice: “No prohibáis que vuestras mujeres hagan su oración en la mezquita; pero sabed que la oración en su casa es mejor para ellas”. [Abu Dawud]

El Islam busca establecer una sociedad sana y equilibrada en todos los aspectos, uno de ellos es el sexual. La humanidad ha vivido y atravesado por periodos a lo largo de su historia que han marcado su desgracia, todo porque las personas no han seguido estilos de vida donde la mezcla entre hombres y mujeres sea reducida al mínimo. La actualidad no es ajena a tantos desordenes y problemas, en los que la peor parte de las consecuencias se las ha llevado la mujer; y que quede bien claro que no estamos hablando de la mujer musulmana, estamos refiriéndonos directamente a la mujer que vive en sociedades occidentales, en lo que se conoce como el “mundo desarrollado” y el mundo “en vías de desarrollo”. Solo nos basta con echar un vistazo a las estadísticas que alarmantemente señalan los altos índices de violencia intrafamiliar, violaciones e injusticia, en todos los ámbitos en los que se desenvuelve la mujer occidental.

Así que, en estas últimas palabras de Al-lah tenemos dos principios básicos para la protección no solo de la mujer, sino de su familia y la sociedad entera, como referíamos con anterioridad. El primero es la permanencia de la mujer en su casa, es decir, que no salga de ella más que por asuntos necesarios; y el segundo, que cuando lo haga cuide su forma de vestir, adornarse y actuar en la calle. Estos tres asuntos deben ser cumplidos, y no uno o dos de ellos; porque puede ser que una mujer use el Hiyab de la forma en que la Shari’ah lo establece, pero su andar, su mirada o sus palabras son motivo de atención y atracción. De esa manera, por más que esté cubierta, está llamando la atención de todos los que hay en su camino. Pero esta aleya señala algo más cuando habla específicamente sobre el comportamiento de las mujeres de la Yahiliah (época preislámica), quienes acostumbraban a andar entre los hombres para llamar su atención. Pero lo más curioso es que Al-lah Señale este comportamiento descarado con la Yahiliah, que en árabe también significa ‘la ignorancia’; es como si nos estuviera diciendo que la mujer que sale descubierta o la que con sus movimientos y palabras llama la atención de los hombres es una ignorante.
Más adelante, Al-lah nos Dice (lo que se interpreta en español): {…y haced la oración, pagad el Zakah…}. En muchas aleyas del Corán, Al-lah Relaciona estas dos formas de adoración, la oración y el Zakah, señalándonos dos aspectos fundamentales en las obras de bien: uno, ser agradecidos con Al-lah y buscar agradarle cumpliendo con nuestras obligaciones hacia Él; y el otro, cumplir con nuestros deberes hacia los demás, esto se logra por medio de estas dos clases de formas de adoración.

Al mencionarse el comportamiento de la mujer en general, Al-lah Hace un llamado a que ella dedique su tiempo en algo bueno y provechoso, nos Dice (lo que se interpreta en español): {…y obedeced a Al-lah y a Su Mensajero…}, sea que esté fuera de su casa, en su trabajo o haciendo algo que debe hacer, o que permanezca en ella; pues muchas mujeres que optan por permanecer en sus hogares pierden su tiempo y descuidan las obligaciones para con sus familias, sentadas frente al televisor o al computador. Si la mujer sale de su casa debe seguir estrictamente las órdenes de Al-lah y de Su Mensajero respecto al recato y comportamiento; pero, de igual forma, en su casa debe seguir estas órdenes cumpliendo con sus deberes, y si tiene tiempo libre debe aprovecharlo en cosas que enriquezcan su conocimiento, fe y adoración.

Continuamos con la serie de reflexiones sobre 5 aleyas de la Sura del Ah-zab, la número 33 del Corán, versículos en los cuales se habla sobre el comportamiento de la mujer musulmana, conductas y virtudes que ella debe tomar del ejemplo dejado por las madres de los creyentes (las esposas del Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam), que Al-lah Esté complacido con todas ellas. En las dos primeras partes mencionábamos la forma en que Al-lah Educa a las madres de los creyentes, que Al-lah Esté complacido con todas ellas, en aspectos como el recato en la forma de actuar, hablar y vestir cuando interactúan ante otras personas, en especial los hombres que no son sus Mahram (hombres frente a los cuales puede quitarse el hiyab [velo], como su padre, esposo, hermano, tío, sobrino, suegro, hijo, nieto y yerno), y que, por lo tanto, lo mejor para ellas es que permanezcan en sus hogares y que solo salgan cuando hay necesidad de ello, como cuando van a la escuela, a la universidad, al médico o al trabajo.

La siguiente reflexión la hacemos de lo que Al-lah Dice (lo que se interpreta en español): {Ciertamente Al-lah Quiere Apartar de vosotros todo pecado, ¡Oh, familia del Profeta!, y Purificaros}; es decir, que siguiendo las enseñanzas expuestas en estos versículos serán purificados. Al-lah, Altísimo sea, Decretó todos y cada uno de los preceptos del Islam, ya sea que estén relacionados con la creencia, la práctica de adoración, las leyes de la Shari’ah o el comportamiento, para que de esta manera el ser humano trascienda y se eleve por sobre todo lo que daña física y espiritualmente. En la parte de la aleya que estamos refiriendo, Al-lah Establece que el comportamiento es el medio por el cual se purifica el ser o se contamina, dependiendo de la conducta que siga la persona; por ello, para que nuestro ser se dignifique, Dictaminó estos principios esenciales en la conducta y el comportamiento del musulmán. Pero además, encontramos un señalamiento directo hacia la familia del Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, específicamente todos aquellos que vivieron en su época y creyeron en él; pues su familia, que Al-lah Esté complacido con ellos, es especial y tiene un grado de importancia en la Ummah (claro, exceptuando a su tíos Abu Lahab y Abu Talib; el primero por haber sido el peor de los enemigos que hayan existido en la historia del Islam, y el segundo por haber rechazado el llamado de su sobrino, pese a que le ofreció protección y ayuda mientras vivió). Es importante aclarar que el término “familia del Profeta” comprende a sus tíos, primos, hijos, nietos y esposas, y no como algunos pretenden, limitándolo solamente a su hija Fátima, su primo ‘Ali y sus dos nietos, Al Hasan y Al Husain, que Al-lah Esté complacido con todos ellos.
Luego de este señalamiento en el que se enaltece a la familia del Profeta, que Al-lah Esté complacido con todos ellos, Al-lah nos Dice (lo que se interpreta en español): {Y transmitid los preceptos de Al-lah y la sabiduría [la Sunnah] que se mencionan en vuestras casas}. Esta es una de las claras razones por las que Al-lah Decidió que Su Profetas, sallallahu ‘alaihi wa sallam, tuviera varias esposas en la época en que las leyes de la Shari’ah y sus decretos comenzaron a establecerse. Ellas tenían el honor de haber sido testigos presenciales de la revelación, que en varias ocasiones descendió en sus casas; por lo tanto, tenían la responsabilidad y obligación de aprender, memorizar y transmitir con detalle todo lo que les fue enseñado por su esposo, el Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam. Algunas de ellas se destacaron por el gran número de hadices que transmitieron del Mensajero de Al-lah, sallallahu ‘alaihi wa sallam, como ‘A’ishah, que Al-lah Esté complacido con ella, que además es conocida como una de las personas más sabias de la Shari’ah.

En cuanto a lo que Al-lah nos Dice (lo que se interpreta en español): {Al-lah les Tiene Reservado Su perdón y una gran recompensa a los musulmanes y las musulmanas, a los creyentes y las creyentes, a los piadosos y las piadosas, a los justos y las justas, a los pacientes y las pacientes, a los humildes y las humildes, a aquellos y aquellas que hacen caridades, a los ayunadores y las ayunadoras, a los pudorosos y las pudorosas, y a aquellos y aquellas que recuerdan frecuentemente a Al-lah}; aunque estas palabras son claras y se entiende a lo que se refieren, es importante recordar que son una prueba de que en el Islam la mujer es tenida en cuenta al igual que el hombre. El sistema ideológico y jurídico del Islam, basado en esta parte de la aleya y en otras más, establece la igualdad real que existe entre el hombre y la mujer y las diferencia que por naturaleza tiene cada uno respecto al otro.

Por respetar esta igualdad y las diferencias, y haber podido relacionar con equilibrio y justicia estas diferencias e igualdades, es que el Islam logró fundamentar una sociedad donde los hombres y las mujeres vivieran en armonía, sin que haya una batalla a campo abierto entre ambos sexos en la que cada uno quiera imponerse. Al-lah nos Enseña en el Islam que el hombre y la mujer no son enemigos y que, por el contrario, el uno necesita del otro para complementarse y vivir en plenitud.

{Un verdadero creyente o a una verdadera creyente no deben, cuando Al-lah y Su Mensajero hayan dictaminado un asunto, actuar en forma contraria; y sabed que quien desobedezca a Al-lah y a Su Mensajero se habrá desviado evidentemente.} La orden de Al-lah en la última parte de estas aleyas que estamos analizando es clara: un verdadero creyente y una verdadera creyente deben cumplir con lo que Al-lah y Su Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, ordenan, sin discutir y mucho menos rechazar lo que se les ha pedido que hagan o crean. Esta es una de las características principales de los creyentes, quienes por convicción entienden que si Al-lah Decreta cualquier asunto, lo Hace en base al beneficio que este trae consigo para Su creación. El creyente y la creyente comprenden que Al-lah es Quien en realidad Sabe, y que el conocimiento que les Concedió es limitado; por lo tanto, la mejor opción para lograr vivir felices, tranquilos y seguros en esta y la otra vida, es cumplir con los mandatos de Al-lah y de Su Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam. No debemos olvidar que Al-lah en esta aleya nos Está Ordenando no solo cumplir con Sus órdenes, sino que también nos Manda cumplir con lo que Su Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, estableció; pues, al fin y al cabo, todo lo que dijo, hizo y aprobó el Profeta Muhammad, sallallahu ‘alaihi wa sallam, es parte de la revelación, aunque no sea parte del Corán.


Finalmente podemos concluir que el éxito en esta vida y en la del más allá depende estrictamente del seguimiento y cumplimiento de lo que Al-lah y su Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, nos ordenan; por ello Dice Al-lah (lo que se interpreta en español): {…y sabed que quien desobedezca a Al-lah y a Su Mensajero se habrá desviado evidentemente.} Esta misma advertencia nos la Hace en otras partes del Corán, y son solo una confirmación más que, gústele a quien le guste o desagrade a quien desagrade, lo que Al-lah y Su Profeta establecieron es lo mejor para la humanidad y la creación entera, así que no nos queda otro camino más que cumplir a cabalidad con estas disposiciones si es queremos la salvación.

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