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 Rezar y venerar a allah delante de nuestros hijos

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nadia hmaidi

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MensajeTema: Rezar y venerar a allah delante de nuestros hijos   Vie 25 Jun 2010 - 12:45




ebemos disponer de un lugar y un período de tiempo para la realización de las oraciones en nuestra casa. Debemos realizar nuestras oraciones en congregación en casa, si es posible, o llevar a nuestros hijos a la mezquita, tomándoles de la mano durante el camino. Esta última opción es más práctica, especialmente si la madre no puede realizar las oraciones en ciertos días*, ya que los niños podrían pensar: «Me parece que las oraciones son opcionales». Y es por dicha razón por la que resultaría ser una buena idea llevar a nuestros hijos a la mezquita en esos días especiales. Sin embargo, existe otra forma de reparar dicho malentendido. En los días en que la mujer no realiza las oraciones, ella puede realizar la ablución de manera normal, sentarse en su alfombra para la oración, alzar las manos ante el Altísimo y rezarle. Si hace esto, obtendrá el mérito de haber realizado la oración así como evitar que el niño cometa un posible error de comprensión. En muchos libros islámicos de consulta, se recomienda este tipo de comportamiento, ya que es de una importancia esencial en lo que se refiere a la educación del niño. Cuando actuamos de esta forma, lo que los niños verán en torno a sí serán cabezas que se prosternan, ojos con lágrimas y manos abiertas en señal de veneración. Tu hijo será entonces siempre consciente de lo que significa una sumisión plenamente reconocida.

Llegará un momento en el que incluso aunque no escuches el adzan (la llamada a la oración), tu hijo te advertirá como si se tratara de la alarma de un reloj, diciendo: «Papá, mamá. ¡Es la hora de rezar!» Es entonces cuando recogerás los frutos de tu esfuerzo.

Además, debes disponer de tu tiempo cada día para rezar al Señor. En este momento, un período de tiempo previamente determinado, debes ofrecer tus oraciones al Altísimo, invocándole, y demostrando, de este modo, que puedes siempre buscar refugio en el Exaltado Creador. Es mejor rezar en voz alta, abiertamente. Los compañeros del Mensajero de Dios —la paz y las bendiciones sean con él— aprendieron las súplicas que él recitaba mientras rezaba. La mayoría de ellas fueron transmitidas por su esposa Aisha, aunque ha habido narraciones similares de Ali, Hasan y Husain.

Esto indica de manera clara que para enseñar a tus hijos a rezar, debes realizar tus oraciones en voz alta, con el fin de que ellos las puedan escuchar. Si deseas que tus hijos sean personas sensibles, que se conmuevan cuando el nombre de Dios sea pronunciado, debes, por encima de todo, mostrarles un ejemplo práctico.

En mi vida, he sido testigo de tales escenas, de las que no puedo sino estremecerme cuando las recuerdo. La visión de la devoción de mi abuela hacia el Señor tuvo una gran influencia en mí. Cuando ella falleció, yo era tan sólo un niño pequeño, pero todavía recuerdo como solía estremecerse cuando mi padre recitaba versículos del Corán o comenzaba a hablar del Islam. Tenía tan presente estos asuntos que si tú decías con entusiasmo «Dios» —Que Su gloria sea ensalzada— cerca de ella, inmediatamente palidecía y continuaba así todo el día. Su comportamiento tuvo una gran influencia en mí. A pesar de ser analfabeta y no tener estudios, sus sinceras oraciones y lágrimas genuinas influyeron mucho en mí. He escuchado a gente instruida predicar con entusiasmo, pero ninguno de ellos me impresionó tanto como lo hizo mi abuela. Me parece que mi condición de musulmán se debe en gran medida a la sinceridad de mis padres y de mi abuela.

De este modo, los padres deben tener extremo cuidado en lo que se refiere a los actos que realizan en sus hogares. Como he señalado antes, incluso la más ligera expresión de tus inquietudes al Altísimo, o la súplica ante Su puerta o la oración en completa sumisión al Creador Exaltado afectarán a tu hijo mucho más profundamente que cualquier otra cosa. El recuerdo de los esfuerzos que realizaste para asegurarte el Más Allá, lo cual debe ser tu mayor preocupación, quedará impreso en la mente de tu hijo y siempre te recordará rezando en un estado de sobrecogimiento reverencial. De hecho, debes rezar como si vieras al Altísimo, como si fueras siempre consciente de estar en Su presencia. La forma en que te hallas de pie, te inclinas, te postras y te sientas durante la oración deben recordarle a Él. Tu condición ante Él puede ser descrita así: «Imagina que fueras al encuentro de Dios y Él te dijera: “¡Siervo mío! Levántate y da cuenta de tus actos en el mundo” y, de este modo, permaneceremos de pie en una actitud sumisa y respetuosa, en espera de Su Misericordia. Este estado de oración, en el que sentimos Su carácter sublime y reconocemos plenamente nuestra nimiedad, es un sincero y genuino estímulo para todas las personas dentro de la casa, incluyéndonos a nosotros mismos». En un hadiz (Tradiciones y dichos del Profeta) —aunque no estamos seguros de su autenticidad por completo— el Mensajero de Dios declaró: «He experimentado tal momento de estrecha relación con Dios, que en ese mismo instante, ni los ángeles del más alto rango ni ninguna otra criatura podían acercarse a mí» (Al-Ajluni, Kashf al-Khafa, 2:173). De este modo, debemos lograr vivir un momento similar, un momento de tal iluminación, y nuestros hijos se inspirarán en ese momento para realizar sus propias oraciones, cuando llegue su momento. En el futuro, siempre que nuestros hijos hagan frente a un peligro que pueda corromper su fe o su devoción a Dios, el recuerdo de verte rezar vendrá en su rescate, como una guía que les muestre el camino.

Este hecho no debería ser socavado, ya que en la Sura Yusuf, el Corán alude a este efecto psicológico. Sabemos que el Profeta José (Yusuf) no era una persona que cayera fácilmente en la trampa tendida por una mujer. Sin embargo, el Corán declara: «... si no hubiera sido por un signo de su Señor». (12:24)

Aunque es un hecho controvertido, según algunos grandes sabios que han explicado el Corán, la señal que José vio fue la imagen de su padre, el Profeta Jacob (Yaqub), que puso la mano sobre su boca y gritó: «¡José!» asombrado. Este hecho hizo que José recuperara su consciencia, —él, que era un paradigma de la castidad— y gritara «¡Dios lo prohíbe!». Tus ojos bañados en lágrimas y tu sincero refugio en el Señor jugarán un papel fundamental en la vida futura de tu hijo, ayudándole a evitar la ruina o la perdición. Estos recuerdos se convertirán en imágenes tan vivas en el subconsciente del niño que tu rostro se le aparecerá diciendo «Querido hijo, ¿qué estás haciendo?» cuando se encuentre con algún tipo de tentación, sirviéndole así de guía que le permita alejarse de diversos peligros.


Responder a las preguntas del niño desde un principio

Vuestros hijos pueden tener algunas preguntas relativas a las oraciones y a otros asuntos religiosos. Los niños introvertidos son normalmente demasiado tímidos como para hacer tales preguntas a sus padres. Sin embargo, es de gran importancia que los niños se comporten de manera abierta y realicen cualquier pregunta que deseen en relación a estos temas. Si dejamos estas preguntas sin respuesta, entonces las preguntas crecerán junto con el niño, y a largo plazo, las dudas se convertirán en una serpiente venenosa que envenenará sus corazones.

Algunas veces estas dudas en el mundo interior del niño pueden convertirse en una herida de rápido crecimiento, que un día podría causar un colapso espiritual de nuestro hijo, sin llegar a darnos cuenta de esta situación hasta que es demasiado tarde. Aparentemente puede parecer que el niño esté rezando en la mezquita contigo y que exprese «No hay más deidades que Dios», pero, sin embargo, quizás puede haber sucumbido a su conflicto interior y estar perdido en medio de un caos espiritual. Cuando enviamos a nuestro hijo a la universidad con el fin de ayudarle a lograr un estatus social y conseguir un brillante futuro, es inevitable que adopte algunos pensamientos y actitudes que son incompatibles con nuestra religión, a menos que tenga una formación espiritual adecuada. Desde este punto de vista, el niño no debe ser privado nunca del respaldo mental, emocional y espiritual que resulte adecuado para su edad. En el pasado, los niños solían ser confiados a las nodrizas. Mientras cuidaban de los niños, estas nodrizas les educaban espiritualmente a su vez, ya que sabían como llegar a su mundo interior. No obstante, este tipo de educación debe ser proporcionado a los niños por los propios padres. Si ellos no pueden hacerlo, deben asegurarse de que esta responsabilidad recaiga sobre un educador capaz. De este modo, los padres impedirán que sus hijos se extravíen. Una firme creencia, una sólida conciencia de la servidumbre (hacia Dios) y una moralidad perfeccionada sólo pueden conseguirse a través de una máxima sensibilidad y atención.



Permitir que nuestros hijos se familiaricen con las mezquitas a una edad temprana


Durante la «Época de la Felicidad»*, los niños tenían total libertad para ir a la mezquita en cualquier momento que desearan, sin importar la edad que tuvieran. Es una lástima que hoy en día pensemos que estamos violando la santidad de una mezquita por llevar allí a los niños. Así pues, resulta lamentable contemplar que en algunas ocasiones no se ve con muy buenos ojos el que los niños asistan a las mezquitas.

Desgraciadamente, estas personas de mentalidad cerrada creen que están preservando la dignidad de la mezquita al censurar las acciones de los niños. De hecho, lo que están haciendo simple y llanamente contradice la tradición del Mensajero de Dios —la paz y las bendiciones sean con él—. Él aconsejó a los musulmanes que mientras estaban de pie rezando en la mezquita, los hombres permanecieran delante; detrás, los niños pequeños, y a continuación las mujeres y las niñas pequeñas.

Si se respeta este orden de ubicación, los niños serán testigos de la satisfacción y el entusiasmo que muestran los adultos al rezar. De esta forma, ansiarán practicar su religión. Así pues, en lugar de asustarles para que se vayan, debemos tratar de animarles con pequeños regalos, si es posible, para que poco a poco vayan mostrando predisposición hacia la oración. Debemos hacerles amar las mezquitas y sus jardines e intentar siempre esforzarnos para que mantengan la santidad asociada a la mezquita en sus actitudes. Cuando el Mensajero de Dios oraba en la mezquita llevaba a su nieta Umamah sobre su espalda, dejándola en el suelo cuando se postraba y volviéndola a tomar otra vez cuando se levantaba. Este acto es muy importante, ya que es un ejemplo brindado por el Mensajero de Dios, el último guía. El glorioso Profeta nunca utilizó una expresión o mantuvo una actitud que pudieran ser interpretadas como un rechazo a que los niños pudieran asistir a las mezquitas. Por lo tanto, debemos reservar un bello lugar de nuestra vecindad para la construcción de una mezquita y nuestros hogares deben convertirse también en lugares de oración. Así, los niños apreciarán aspectos de la vida en todo lo que existe a su alrededor que les recordarán a Dios. Contemplarán la vida con una piadosa sabiduría; escogerán su camino y caminarán por él con su libre albedrío y su conciencia. Consideremos a su vez las oraciones obligatorias. Cuando un niño es lo suficientemente mayor para rezar, el padre debe tomarle de la mano y conducirle hasta la alfombra de oración de la madre, inspirándole una profundidad espiritual y una fuerte devoción hacia el Islam. Si logramos el resultado esperado, será un gran logro, ya que las oraciones tienen una importancia esencial en lo que se refiere a acercarse a Dios.
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