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 Recuerdos del Ramadán

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nadia hmaidi

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MensajeTema: Recuerdos del Ramadán   Sáb 26 Jun 2010 - 1:13


Si se da una continuación saludable y escalonada en la vida social y cultural de las diferentes comunidades, toda la herencia del pasado también estará presente «hoy»; es decir, mientras ivimos el presente, inconscientemente vivíamos el pasado a su vez. Sin embargo, como es el caso de muchas sociedades musulmanas hoy en día, en aquellas comunidades que no han sido capaces fomentar y promover su rica herencia cultural, el concepto de «hoy» es adoptado en su nivel más básico. Sobre todo durante el mes de Ramadán sentimos dicha simplicidad e indiferencia de manera más clara. Sabemos que el Ramadán fue recibido y celebrado de manera mucho más intensa y profunda en el pasado; de forma significativa, cuando aquellos que han disfrutado de los entresijos de antaño empiezan a hablar de sus experiencias pasadas entre profundos suspiros, un brisa nostálgica comienza a soplar en el ambiente.

La nostalgia es un mecanismo psicológico que debería ser considerado como un síntoma de buena salud mental. En casi todos los períodos de crisis, las tendencias nostálgicas de la gente aumentan, así como las personas que caen en la depresión a causa de las condiciones dolorosas de hoy en día, quienes se evaden recordando los agradables días de antaño, días que consideran más brillantes que el presente y establecen así un tipo de equilibrio en sus mundos espirituales. De hecho, quizá el pasado en el que escudriñamos la serenidad estaba repleto de problemas mucho más grandes que los que afrontamos hoy; sin embargo, nuestra memoria, de una manera muy extraña, elimina filtrando todos los recuerdos negativos del pasado y nos presenta éste como un mundo fabuloso de acontecimientos muy especiales y encantadores. Lo peor es que uno puede quedarse anclado en el pasado, pasando a ser una situación que ha de ser tratada por psiquiatras. Sin embargo, pienso que esos «viajes» al pasado que no cortan la conexión con nuestro presente actual, como por ejemplo la nostalgia, son muy útiles para nuestro bienestar espiritual. Si no fuera así, el hecho de que este mecanismo psicológico exista de modo natural sería algo absurdo. ¡Cuán hermoso sería si la «evasión» de nuestra mente, que comienza con expresiones tales como «Acaecieron tiempos tan maravillosos que la imaginación de los mismos se merece el mundo entero», «Ah, aquellos excelentes días pasados de Ramadán» pudiera ser transformada en creativos viajes culturales que portan valores del pasado a nuestros días!

Los recuerdos del mes de Ramadán de mi niñez pasan por delante de mis ojos. ¡No me importa lo que digan, aún sigo pensando que el Ramadán de antaño era mucho más encantador y mucho más maravilloso que el de hoy....y lo mucho que lo echo de menos! Tuve conciencia de mi primer Ramadán un invierno de hace muchos años; cuando comencé a ayunar por primera vez, el mes de Ramadán aconteció en días de invierno caracterizados por un frío glacial. En aquel tiempo, cuando comenzó a nevar, grandes montones de nieve solían formarse a ambos lados de los caminos y éstos no se derretían durante meses. Los grandes carámbanos de hielo, que brillaban a la luz del sol, solían colgar de los techos y con frecuencia pasábamos maravillosos momentos montándonos sobre trineos de madera. Una de las calles del barrio en donde vivíamos se encontraba sobre una colina escarpada y solía estar cubierta de un hielo parecido al cristal durante los meses de invierno. Cuando nos montábamos sobre nuestros trineos y nos lanzábamos cuesta abajo, sentíamos como si volásemos en dirección al final de la otra calle. Cuando los niños comenzaban a ayunar, eran tratados tiernamente por sus padres. Nuestros bolsillos solían estar llenos de cosas deliciosas que deseabamos comer con impaciencia. Confites, caramelos de menta, garbanzos tostados y si podíamos encontrarlas, también riquísimas nueces; ¡tantos exquisitos manjares desconocidos por los niños de hoy en día, como los higos y las moras secas, las algarrobas y deliciosas piruletas de muchísimas formas y colores diferentes! Solía pensar que el número de vendedores de piruletas siempre aumentaba en el mes de Ramadán. A veces realmente pasábamos hambre, lloriqueábamos y nos enojábamos; entonces los miembros más ancianos de nuestras familias nos tomaban y nos subían sobre sus hombros para distraernos y divertirnos. Justo uno o dos minutos antes del momento en el que finaliza el ayuno, era disparado un cañón desde el castillo de la ciudad. Estos disparos de fogueo eran empleados para hacer saber a la gente que el tiempo en el que finalizaba su ayuno había llegado. Solíamos salir corriendo por las calles para ver los harapos y andrajos de colores que eran disparados por los cañones así como las luces de los minaretes; ¡qué precioso era todo! Mientras se llevaban a la boca deliciosos bocados del iftar, todos los niños de nuestra calle corrían a sus casas gritando: «¡El cañón ha sido disparado, el cañón ha sido disparado!» ¡Era algo digno de verse!

¡Oh, aquellos exiguos aunque deliciosos banquetes de iftar! Todos los miembros de la familia solían juntarse alrededor de la mesa y comer con agrado todo aquello que Dios nos había provisto. Nunca olvidaré el vapor que aparecía al hervir el agua y la tetera colocada sobre la estufa. Un poco después de la comida de iftar, el té, en su punto, solía estar servido. Y a continuación la oración de tarawih; treinta y tres rak’as realizadas en congregación en la pequeña mezquita de madera de nuestra calle donde todos los miembros se conocían. Todavía puedo oír al muecín recitando los Hermosos Nombres de Dios «Ya Hannan, Ya Mannan», que recitaba a intervalos. Nosotros, los niños traviesos, permanecíamos durante la oración en las últimas filas de la congregación y no podíamos dejar de reírnos tontamente. Cuándo los fieles saludaban a aquellos que se encontraba sentados su lado al final de cada parte de la oración, los miembros de edad más avanzada de la congregación solían mirarnos molestos y con irritación, pero nosotros no les prestábamos ninguna atención. Después de terminar el tarawih, el placer de disparar con pistolas de juguete hechas de lata, hacer una guerra de bolas de nieve o jugar el escondite es imposible de describir.

¡Cuándo el Ramadán acontecía en invierno pasaba tan rápidamente! «¡Oh querido Ramadán! » solían suspirar los ancianos, «¡Qué rápido ha pasado todo!». Los días festivos después del Ramadán, los días del Eid al-fitr, eran la única cosa que podía consolarlos. Antes del eid, se daban tales preparativos en casa que mantenían a toda la gente ocupada. En primer lugar, las madres y tías elaboraban grandes platos llenos de hojas de parra rellenas —dolma—, una sopa especial era algo obligatorio; ¡y, como no, el baklava! Estos eran los tres deliciosos platos esenciales en nuestras mesas durante los días del eid. Junto a todos los niños de la calle, inmediatamente después del desayuno, agarrábamos un palo largo o un rodillo de cocina fino y cantando, íbamos de puerta en puerta. Las mujeres solían colocar buñuelos especiales en nuestros palos. Esto era un algo especial y característico de nuestra niñez y comer aquellos buñuelos con gran apetito era una delicia...

Claramente recuerdo la vivacidad y el entusiasmo que nos traía el Ramadán, un mes cuya llegada se esperaba ansiosamente; era como si de un miembro de la familia que ha estado fuera y ha vuelto tras una larga temporada se tratase. Y luego su triste y emotiva despedida.... Sin embargo, la alegría del eid compensaba el dolor por la despedida del Ramadán y de este modo nos hacía volver dulcemente al ritmo habitual de nuestras vidas diarias. Hoy día, sobre todo en las grandes ciudades, la atmósfera espiritual del mes de Ramadán no se siente tanto como solía serlo antiguamente. No considero que uno pueda decir que «el Sultán de los once meses» todavía estimula los espíritus y realiza cambios en el ritmo normal de nuestras vidas por más tiempo. Los que ayunan son tolerados sólo si no molestan el curso ordinario del día; tienen que empezar por la mañana temprano y salir del trabajo a la misma hora que todo el mundo, da igual cuándo finalice el ayuno, sin importar «si el cañón es disparado o no —si es que existe tal cañón—». Tiempo atrás, la llegada del mes de Ramadán era un acontecimiento extraordinario, tanto como lo es el repentino cambio del día a la noche. La vida, que se había ralentizado durante once meses, de repente alcanzaba una notable energía y actividad. Después de anochecer, las calles estaban completamente vacías y un silencio profundo rodeaba la ciudad al completo. Nosotros sólo podíamos oír el silbido de los vigilantes nocturnos, los ladridos de los perros y los pasos de algunas personas dirigiéndose rápidamente a sus casas, eso era todo. Como el poeta Ahmet Hashim dice en una de sus obras: «...la gente no consideraba el día como el periodo que iba de una medianoche a otra. Nosotros vivíamos días cortos, sencillos y fáciles que solían empezar con los primeros rayos de sol y finalizaban con la puesta del sol». Este modo de vida se tornaba en cuanto el Ramadán daba comienzo y las calles se llenaban de gente durante toda la noche. Las cafeterías, tiendas y hasta oficinas estatales solían estar abiertas hasta que llegaba el tiempo de sahur, las calles se iluminaban con luces decorativas, faroles y antorchas y, como no, el impresionante espectáculo de los minaretes iluminados, con mensajes en lo más alto, que adornaban la oscura silueta de las ciudades. En las calles que durante las noches del resto de año se hallaban tranquilas, a pesar del contraste de la intensa atmósfera religiosa y circunspecta del día, los banquetes y espectáculos de la noche se sucedían después del iftar y sobre todo después la oración de tarawih, eran considerados como un tipo de recompensa por no comer ni beber en absoluto así como por ser capaces de ejercer un control apropiado sobre los deseos carnales durante todo el día. Los días de Ramadán eran tan silenciosos como las noches de otros meses. La belleza y el entusiasmo espiritual así como el placer de la espera tranquila y paciente justo antes del tiempo iftar sólo pueden ser conocidos por aquellos que ayunan.

Para los niños de hoy en día, que viven en ciudades modernas donde las luces son débiles debido a la contaminación, es muy difícil de imaginar cómo los maravillosos faroles y antorchas brillaban intensamente, iluminando las noches oscuras del pasado. Las oraciones de eid, como la oración de tarawih, eran otra fuente excepcional de placer para nosotros, los niños. Solíamos ir la mezquita con agrado y nos uníamos felizmente a las oraciones de congregación, aprendiendo como comportarnos en comunidad. Después de la oración de eid, los vecinos de la localidad solían abrazarse y felicitarse por el eid en el patio de la mezquita. Sin embargo, la verdadera celebración de eid estaba en las casas. Después del ajetreo y el bullicio de la mañana, los miembros notables de la vecindad venían juntos y visitaban todas las casas. Solían mostrar emociones tan profundas que nadie se sentía solo.

El Ramadán todavía es una belleza compartida por la mayor parte de las sociedades musulmanas. Esta belleza es compartida incluso con los no musulmanes gracias a las invitaciones de iftar organizadas por los promotores del diálogo interconfesional. Mientras haya gente que ayune, esta belleza continuará. Cada sociedad se encuentra en necesidad de los placeres que han sido experimentados y compartidos; la felicidad se incrementa en cuanto es compartida y asimismo las penas se hacen más pequeñas cuando éstas son repartidas.



¿Qué ha dicho el Profeta Muhammad acerca del Mes de Ramadán?
Existen varios dichos y tradiciones del Profeta Muhammad, la paz y las bendiciones sean con él, acerca del bendito mes de Ramadán:

«Durante el mes de Ramadán las puertas de la piedad están abiertas, las puertas del Infierno están cerradas, y los diablos se hallan encadenados». (Muslim, Siyam, 1)

El profeta Muhammad recomendó encarecidamente que los musulmanes realicen el sahur, la comida previa al amanecer: «Realizad el sahur (comer algo antes de empezar al ayuno), ya que se dan bendiciones en ello. (Muslim, Siyam, 45; Riyad as-Salihin, II, 495)

Se aconseja, pues, que el iftar (la comida que rompe el ayuno) sea ingerido tan pronto como sea posible: «Como es relatado por los Compañeros: El Profeta, la paz y las bendiciones sean con él, finalizaba su ayuno rápidamente y realizaba la oración de la tarde enseguida; él nunca los retrasó». (Muslim, Siyam, 49-50)

De este modo en algunas sociedades musulmanas, la gente que se dirige a las mezquitas con la intención de asistir a la oración de la tarde toma una comida ligera consigo, como por ejemplo queso, aceitunas, etc. Cuando la llamada a la oración de la tarde es oída, comparten dichos alimentos con otra gente en la mezquita y luego rezan juntos.

La práctica de romper el ayuno de manera apresurada y sin un retraso excesivo puede ser observada en aquellos musulmanes que se dirigen a la peregrinación menor (umra) en La Meca y Medina, durante el Ramadán. Millones de musulmanes preparan una comida sencilla, se sientan en los alrededores de la Gran Mezquita, la Kaba, y Masyid An-Nabi, comiendo dátiles y bebiendo el agua de Zamzam (el agua del bendito pozo cercano a la Kaba), y luego se disponen a rezar en congregación.

El profeta Muhammad, la paz y las bendiciones sean con él, nos indicó: «Aquel que invita a una persona que ayuna a sentarse a la mesa para comer de la comida de iftar (que rompe dicho ayuno), ganará la misma recompensa que el que observaba ayuno, sin disminuir en modo alguno las bendiciones de éste». (Riyad as-Salihin, II, 516)

Se relata que la oración de tarawih que se lleva a cabo durante el Ramadán —una oración que tiene lugar entre la oración de la noche (isha) y la oración de witr— es un medio para que a la gente le sean perdonados los pecados. El bendito profeta Muhammad dijo lo siguiente sobre este asunto: «Quien reza en las sagradas noches del mes de Ramadán, creyendo en sus bendiciones y buscando la recompensa sólo de Dios, realizando la oración de tarawih esperando la complacencia de Dios, será perdonado por sus pecados anteriores». (Muslim, Salat al-Musafirun, 173; Riyad as-Salihin, II, 463)

El siguiente hadiz describe cuán bendito es el ayuno durante el mes de Ramadán así como que el ayuno no es sólo la privación temporal de comida y bebida, sino que también es el control de nuestras partes corporales como manos, lengua y ojos, que a veces son menoscabadas por influencias mundanas. Durante el mes de Ramadán los musulmanes no deberían criticar o murmurar acerca de los demás: «Dios declaró: “Todas las buenas acciones del ser humano son por su bien excepto el ayuno que se observa por Mí, ya que abandona la comida y los deseos carnales tan sólo por Mí. El ayuno se parece a un escudo. Que ninguno de vosotros, en los días de ayuno, diga nada malo a nadie o grite. Si alguien os molesta, con la lengua o con la mano, que le conteste diciendo: “Estoy ayunando”. El aliento del hombre que ayuna es más fragante ante Dios y más placentero que el almizcle perfumado. Dos importantes alegrías aguardan al que observa el ayuno, la alegría de romper el ayuno y la del encuentro con su Señor». (Muslim, Siyam, 163)

El profeta Muhammad, la paz y las bendiciones sean con él, indicó a los creyentes que una puerta especial estará abierta para los que ayunan sinceramente durante el mes de Ramadán: «En el Paraíso existe una puerta llamada Rayyan por la cual sólo pueden pasar los que ayunan en el Día del Juicio Final. Nadie más que ellos puede entrar. En el Día del Juicio Final, cuando se diga «¿Dónde están aquellos que ayunaron?» aquellos que así lo hicieron se levantarán y entrarán. Después de que el último de los que ayunaron haya entrado, la puerta se cerrará, y nadie (excepto los que ayunaron) habrá sido capaz de entrar». (Muslim, Siyam, 166)


Las Ventajas Médicas de la Oración de Tarawih
Los musulmanes sacan provecho de los beneficios terapéuticos y espirituales durante la realización de sus oraciones prescritas (salat), desde las abluciones hasta los movimientos físicos —alzar las manos al principio (takbir), permanecer de pie (qiyam), la inclinación (ruku), la postración (sajda), levantarse tras la postración y esperar durante un segundo antes de la segunda postración (jalsa) así como sentarse erguido en el final de cada uno de los dos ciclos—.

Los musulmanes realizan cinco oraciones prescritas diarias (salat) y otras oraciones voluntarias (sunna, nawafil) durante todo el año además de las oraciones de tarawih durante el mes de Ramadán. Esto tiene como resultado el ejercicio físico moderado de cada músculo del cuerpo en particular. Dependiendo de su contracción muscular, cuando el músculo ejerce una fuerza frente a una resistencia fija y de este modo no varía su longitud se dice que posee una contracción isométrica y si la contracción acontece cuando existe una variación en la longitud del músculo —acortándose o alargándose—, entonces la contracción se denomina contracción isotónica.

En el momento del rezo prescrito, pues, ambas contracciones se llevan a cabo durante los movimientos asignados, teniendo como resultado el ejercicio físico. Asimismo la energía necesaria para el músculo durante el ejercicio se obtiene mediante un proceso conocido como glucogenolisis —la hidrólisis o rotura de glucógeno a glucosa disponible metabolicámente, es decir, la descomposición del glucógeno en azúcares más simples—. La tasa metabólica muscular aumenta durante la realización del salat, acarreando una deficiencia relativa de oxígeno y sustancias nutritivas del músculo. En contrapartida, esta deficiencia provoca una dilatación en el calibre de los vasos sanguíneos, permitiendo así que la sangre circule fácilmente de regreso al corazón. Este aumento temporal de la circulación sanguínea sobre el corazón actúa para reforzar el músculo del corazón y mejora la circulación sanguínea del mismo.

Durante el mes de Ramadán, las oraciones supererogatorias son realizadas después de la oración de la noche (isha), denominadas oraciones tarawih que varían desde 8 rak’as (ciclos de rezos) a 20 rak’as, con un descanso de unos minutos después de cada 2 ó 4 rak’as para salmodiar y alabar la Majestad de Dios. Después de interrumpir el ayuno (iftar), el nivel de glucosa en la sangre sigue aumentando en estrecha correlación con el alimento ingerido. Justo antes de las comidas de iftar, la glucosa de la sangre y los niveles de insulina están en su nivel más bajo. Tras una hora o un tiempo aproximado después de la comida de iftar, la glucosa en la sangre comienza a aumentar así como la insulina en el plasma sanguíneo. El hígado y los músculos absorben glucosa circulante. El azúcar en la sangre alcanza niveles elevados en el plazo de una hora o dos y las ventajas de las oraciones de tarawih surten efecto. La glucosa circulante es metabolizada en dióxido de carbono y agua durante las oraciones de tarawih y por tal motivo las oraciones de tarawih ayudan en el consumo de las calorías suplementarias y mejoran la flexibilidad y la coordinación además de reducir respuestas sintomáticas relacionadas con el estrés en sujetos sanos, y mitigar los efectos de la ansiedad o la depresión.

El bienestar físico y emocional

Los ejercicios moderados realizados durante las oraciones de tarawih mejoran la salud física, el bienestar emocional y aumentan la longevidad de la persona que los lleva a cabo. Cuando se efectua un poco de esfuerzo suplementario, como en la realización de las oraciones de tarawih, se alcanza una mejora en la resistencia, y el aguante, en la flexibilidad y la fuerza. Se observó científicamente que las cinco oraciones diarias (salat) producen los mismos cambios fisiológicos —sin ningún efecto secundario inesperado— que los producidos tras correr o andar aproximadamente 5 kilómetros en una hora. Además de las cualidades inherentes a las oraciones prescritas que favorecen la salud del individuo, la persona será ejercitada para estar siempre lista ante cualquier esfuerzo físico inesperado como alzar a un niño, una silla, o tomar un vehículo de transporte público. Además, son los ancianos quienes lograrán lo anteriormente citado de manera más eficiente gracias al salat, ya que no es sino una ventaja de las personas de edad avanzada para mantener su salud física durante un largo período de tiempo. Se ha observado que los que ayunan y realizan las oraciones de tarawih dicen sentirse más recuperados y vigorosos.

Los ancianos

Ya que los seres humanos envejecen, su actividad fisiológica se reduce, y por consiguiente, sus huesos disminuyen su masa ósea y si no se cuidan, sufrirán osteoporosis (una enfermedad que causa fracturas de los huesos con facilidad cuando envejecen debido a una pérdida del contenido de sustancias minerales del hueso y la esponjosidad de los huesos, el hueso se hace estructuralmente inestable, frágil y propenso a fracturas). La osteoporosis primaria es más común entre las mujeres posmenopáusicas (debido a la reducción de los estrógenos, un tipo de hormonas) o aquellas que han sufrido oforectomía bilateral (la extirpación quirúrgica de uno o ambos ovarios). La osteoporosis primaria afecta a las mujeres en una proporción seis veces mayor que en los hombres. Las tres principales estrategias de prevención de la osteoporosis son un régimen alimenticio con elevadas cantidades de calcio y vitamina D, el ejercicio físico regular y el reemplazo de estrógeno en mujeres posmenopáusicas. Debido a los movimientos repetitivos y regulares del cuerpo durante la realización del salat, la fuerza de músculo, la potencia del tendón, la flexibilidad de las articulaciones y la reserva cardiovascular alcanzan una mejoría notable. De ahí que el salat y las oraciones de tarawih permiten a los ancianos enriquecer su calidad de vida y afrontar dificultades imprevistas —como las caídas que podrían lesionar sus cuerpos— de la mejor de las maneras. Por lo tanto las oraciones de tarawih mejorarán su resistencia, su amor propio y la confianza en si mismo para ser individuos totalmente independientes.

Los efectos beneficiosos de los ejercicios moderados

La oración de tarawih es considerada como un ejercicio moderado. Los efectos beneficiosos de los ejercicios moderados sobre el cuerpo se pueden clasificar en:

Efectos sobre el músculo esquelético (o estriado)

Los músculos que no se emplean se atrofian a pesar de la disponibilidad de muchas proteínas. Durante el salat y las oraciones tarawih, cada músculo del cuerpo se contrae, algunos conservando sus dimensiones iguales —contracción isométrica— y otros contrayendo sus grupos musculares contra una resistencia a lo largo de un recorrido, —contracción isotónica—. Este ejercicio moderado también mejora la resistencia y disminuye el cansancio, ayuda a los incapacitados a aprovechar al máximo sus capacidades restantes. El flujo de sangre en un músculo que descansa es bajo. Durante el salat y las oraciones tarawih el flujo de sangre aumenta enormemente en los músculos. El flujo de sangre en ocasiones se incrementa incluso antes del inicio de las oraciones de tarawih, con el solo hecho de pensar en la realización de dichas oraciones. Además de requerir grasas, proteínas y carbohidratos, el cuerpo humano precisa de minerales como el potasio para el sistema nervioso y la actividad muscular. Esta sustancia mineral se puede encontrar en frutas, carnes, mariscos así como la leche. La deficiencia de potasio acarrea desórdenes musculares y neurológicos. El potasio es importante en la transmisión de los impulsos nerviosos y es uno de los iones positivos principales en los fluidos intracelulares. El potasio también interviene en procesos enzimáticos celulares, y ayuda a regular las reacciones químicas en las que los hidratos de carbono son convertidos en energía y los aminoácidos en proteínas y asimismo los iones de potasio son radicales químicos vasodilatadores de las arteriolas. Durante las oraciones de tarawih, la tensión arterial sistólica puede elevarse un poco y la tensión arterial diastólica puede permanecer igual o incluso bajar. Sin embargo, después de que las oraciones de tarawih lleguen a su fin, la T.A.S. puede caer justo por debajo de los niveles normales, lo cual es una buena señal.

Las oraciones de tarawih mejoran la eficacia respiratoria; aumenta la circulación en los capilares que rodean el alvéolo y esto causa una mejoría en el proceso de intercambio gaseoso en los pulmones además de una respiración más profunda. El aumento del consumo máximo de oxígeno es lo que nos hace sentirnos mejor. Aquellos que realizan las oraciones de tarawih —aparte de las oraciones prescritas— se muestran más atentos y activos que los que no las realizan, incluso después de la edad de jubilación.

Las oraciones de tarawih mejoran la fuerza física y la estabilidad conjunta y reducen el riesgo de daños físicos en los tendones y tejidos conjuntivos. Tras cumplir 40 años, desciende la densidad del mineral en el hueso con la edad. Las oraciones de tarawih permiten elevar la densidad de componentes minerales en el hueso tanto en las mujeres menopáusicas como en aquellas de edad muy avanzada, previene la osteoporosis y mantiene la normalidad en las estructuras óseas. La osteoporosis produce, por lo común, fracturas de cadera en mujeres después de la menopausia y en los hombres ancianos. Realizar el salat de manera regular y las oraciones de tarawih reduce considerablemente el riesgo de osteoporosis.

El salat y las oraciones de tarawih mejoran la lubricación de las articulaciones, optimizan el movimiento y mantienen la flexibilidad. La trombosis de vena profunda (la causa más común de ulceración en las piernas de los ancianos) se previene con la realización del salat y las oraciones de tarawih.

Efectos metabólicos

Las oraciones salat y tarawih mejoran el control del peso corporal y consume calorías sin un aumento proporcional del apetito. Una combinación de una restricción dietética moderada, tanto en el iftar como en el sahur, acompañadas de las oraciones de tarawih, debería lograr una reducción de peso. Asimismo esto también reducirá tanto el índice de grasas en nuestro cuerpo como el peso corporal, aunque el peso libre de grasas permanecerá constante o incluso puede aumentar ligeramente. De ahí que durante el Ramadán no se debería comer en exceso en las comidas de sahur e iftar y tendríamos que seguir realizando el salat y las oraciones de tarawih para perder un poco del peso en exceso.

Salud mental

Es un hecho conocido que el ejercicio mejora el estado de ánimo, la capacidad de reflexión y el comportamiento. El ejercicio incrementa la calidad de vida, estimula un sentimiento mayor de bienestar y energía, reduce la ansiedad y mitiga los síntomas de la depresión así como influye en el estado de ánimo de manera favorable y contribuye al amor propio, envolviendo al individuo en una aureola de confianza. Además del ejercicio corporal, el salat mejora la memoria durante la vejez, sobre todo por la repetición constante de los versículos del Glorioso Corán y las invocaciones que exaltan Su Gloria. Esta repetición constante de los versículos coránicos ayuda a proteger la mente de los pensamientos entrantes. Las investigaciones del Dr. Herbert Benson, un científico de la Universidad de Harvard, nos descubren que la repetición de una oración, los versículos del Corán, el recuerdo (dhikr) de Dios o la actividad muscular unida a la falta de atención pasiva de los pensamientos que ocupan nuestra mente y en ocasiones la bloquean causan «una respuesta de relajación » que conduce a la moderación de la tensión arterial, la disminución en el consumo del oxígeno y por tanto una reducción del ritmo respiratorio y cardiaco. Todos estos factores se hallan combinados en la oración de tarawih, que es una condición ideal en pos de «la respuesta de relajación». Combina, pues, la actividad muscular repetida con la repetición del salat, la recitación de las palabras de glorificación y de las súplicas hacia Dios. La oración de tarawih relaja la mente. Este estado de la mente tranquilo puede ser en parte debido a la liberación de endorfinas o péptidos opioides, como por ejemplo las encefalinas, las beta-endorfinas (morfinas endógenas) y otros en la circulación sanguínea. Las endorfinas —péptidos opioides— son polipéptidos pertenecientes al grupo de los compuestos neuropéptidos, un combinado bioquímico de una cadena de dos o más aminoácidos unidos por puentes peptídicos que se diferencian de otras proteínas tan sólo por la longitud de la cadena de aminoácidos.

Son elaboradas por la glándula pituitaria y actúan sobre el sistema nervioso central y el sistema nervioso periférico, con el fin de reducir el dolor. Las endorfinas son clasificadas como alfa-endorfina (61- 76 aminoácidos), beta-endorfina (61-91 aminoácidos) y gamma-endorfina (61-77 aminoácidos) que producen efectos farmacológicos similares a la morfina. La beta-endorfina se encuentra en el cerebro y el tracto gastrointestinal y es la más potente de las endorfinas siendo un analgésico muy potente en los seres humanos y los animales. Por ejemplo durante el parto muchas mujeres liberan endorfinas reduciendo la sensación de dolor de su cuerpo. Asimismo la liberación de endorfinas está asociada con la euforia y por ello, en el transcurso del parto, las mujeres que dan a luz con poca o ninguna medicación a veces califican esta euforia como «el punto culminante del nacimiento».

Conclusión

A través de las oraciones salat y tarawih el Islam combina los movimientos físicos con el ejercicio espiritual. Cuando el salat y las oraciones de tarawih son practicados a lo largo de la vida de una persona, de manera periódica, una persona es ejercitada para emprender la difícil tarea de meditar durante los movimientos y actividades físicas de las oraciones salat y tarawih, para que de este modo la persona se beneficie del ejercicio espiritual y físico, ambos por igual. El salat y las oraciones de tarawih son únicas, ya que la tensión aumenta en los músculos durante los ejercicios físicos por un lado, mientras que por otro lado la tensión es a su vez relajada en la mente debido al ingrediente espiritual. Los siguientes beneficios han sido apreciados entre aquellos que realizan las oraciones de tarawih: quema de calorías y perdida de peso, mantenimiento del tono muscular y la constitución corporal, flexibilidad articular (la rigidez en las articulaciones aparece a menudo como resultado de su desuso, no por la artritis), aumento del tono metabólico, mejoría de la circulación, mejoría de la función cardiaca, pulmonar y la capacidad aeróbica, disminución del riesgo de aparición de un problema cardíaco, aumento del sentido de autocontrol, reducción del nivel de tensión, aumento de la capacidad de concentración, mejoría del aspecto personal, se mitigan los efectos de la depresión, ayuda para conciliar un sueño mejor y reprime el apetito.

Las pruebas son también concluyentes con respecto a quienes realizan el salat regularmente junto con las oraciones voluntarias puede conservar, y en realidad retrasan la pérdida de masa ósea en la vejez, previniendo así los estragos de la osteoporosis que aqueja tanto a hombres como mujeres. Es también posible retardar el proceso de envejecimiento y ofrece alguna protección a la salud durante las últimas etapas de la vida. Aquellos que han realizado salat y las oraciones de tarawih a lo largo de su vida obtienen protección y un efecto positivo en cuanto a la salud y la longevidad se refiere, alteran los efectos de fumar —que acortan la vida— y el exceso de peso corporal. Incluso personas con hipertensión —el principal riesgo de desarrollo de una enfermedad cardiaca— han reducido el índice de mortalidad a la mitad así como el riesgo de morir a causa de cualquiera de las principales enfermedades. Ellos también contrarrestan las tendencias genéticas que señalan una muerte temprana en la persona objeto del estudio genético.

Por todo ello las oraciones obligatorias y voluntarias son necesarias para los musulmanes, con el fin de conservar una calidad de vida deseable en la vejez.



La Vigilancia

Al mismo tiempo que el «Año Nuevo» empieza en Canadá, la mayoría de los musulmanes todavía reflexionan sobre el pasado Ramadán que recientemente aconteció. Una tradición común occidental son los «propósitos del Año Nuevo» en los que la gente se propone llevar a cabo un acto, normalmente relacionado con dominarse y contenerse en relación a una debilidad específica, como comer caramelos en exceso o dejar de fumar. El compromiso con el Ramadán surge a partir de un fundamento similar relacionado con el autocontrol, de un modo mucho más disciplinado, y la intención primaria de la observancia debería ser sólo el beneplácito de Dios. El Glorioso Corán nos prescribe el ayuno para que así podamos aprender el «dominio de uno mismo». El milagro en sí es que tal autocontrol es mucho más que evitar una comida. El autocontrol continuado y practicado es la verdadera raíz de los atributos clave de un creyente: la vigilancia.

¿Qué es la vigilancia? No es más que la condición de vigilia y cautela que actúa como un sistema de advertencia personal para mantenernos distanciados de algo que puede debilitar nuestra fe. Gracias a Dios, nos han sido enviados signos claros de cómo la erosión puede cambiar lentamente incluso las sustancias más duras en la Tierra. Rocas más fuertes que cualquier ser humano pueden deteriorarse lentamente, llegando a ser un puñado de arena con el tiempo, debido a la acción paulatina de fuerzas naturales como el agua y el viento… incluso llegando al extremo de que una costa cambie completamente su orografía. La fusión del hielo de los glaciares es otro ejemplo de ello, puesto que hasta con el más mínimo cambio en la temperatura de la Tierra el hielo comienza a derretirse y finalmente va cambiando la geografía del mundo entero. En cuanto a nuestras vidas humanas, la degradación y el deterioro suceden en el ámbito social, cuando poco a poco vamos comprometiendo nuestros valores y nuestras creencias. La semana pasada un chico musulmán que asiste a la misma escuela de mi hijo le dijo a éste que no era necesario lavarse antes de las oraciones sino que es solamente recomendable. Quizás tiempo después esta idea pueda adquirir otro sentido, a partir del cual se llegue a la conclusión de que una o más de las oraciones diarias no sean necesarias y tan sólo las consideren preferibles. A menos que claramente nos mantengamos firmes en nuestras creencias y dentro de los límites de éstas, ellos retrocederán como consecuencia natural del paso del tiempo. Las señales se hallan todas alrededor nuestro.

Todos nos hallamos en peligro debido a esta clase de erosión y menoscabo de nuestros valores. Ningún hombre o mujer se despierta una buena mañana y piensa «Hoy arruinaré mi vida familiar». Este proceso de degradación comienza lentamente con sólo una mirada indecorosa o el hálito de una fragancia, y en ese momento surge la tentación. Ningún adolescente piensa en algún momento, «me convertiré en un alcohólico », más bien este proceso degradatorio comienza con solamente «un sorbito» de la bebida de un amigo en una fiesta. ¿Y qué podríamos decir acerca de los creyentes, hombres o mujeres, quienes trabajan bajo difíciles condiciones laborales? Día tras día la gente está más ocupada con horarios prolongados y las horas de trabajo no siempre permiten que las oraciones prescritas puedan ser llevadas a cabo. Después de muchos años así, ¿cómo de fuerte será la creencia o la práctica? Evidentemente, en cuanto la vigilancia es débil, aparece la «erosión». ¿Cómo podemos explicar con más detalle que millones de personas a lo largo del mundo entero cometan hoy en día prohibiciones «olvidadas»?

¿Alguien de nosotros es suficientemente fuerte como para resistir esta clase de debilidades? ¡Cuantos de nosotros vemos programas de televisión, aunque sólo sea durante un minuto, sabiendo que son inadecuados! Los asuntos e imágenes contraproducentes llenan nuestros sentidos y son difíciles de «expeler» una vez que entran en nuestras retinas y tímpanos. De este modo, en lugar de conservar las sagradas escrituras en nuestras mentes tan sólo conservamos aspectos mundanos de nuestro tiempo. ¡Y que sencillo es para nuestros niños imitar a los artistas que se burlan de otras personas solamente para hacernos reír! Así de fácil es para nosotros —y nuestras familias— comenzar a prestar atención a las estratagemas comerciales que tienen como objetivo hacernos anhelar «los ornamentos» mundanos de esta vida. De tal manera, nuestros pensamientos gradualmente son substituidos por cosas inútiles así como distracciones, y nuestro tiempo es lentamente desgastado, menoscabado —un tiempo tan preciado y valiosísimo que cada segundo del mismo es un regalo y tal vez pueda ser el último—.

Para las comunidades y las naciones, la vigilancia es un desafío aún mucho más grande. Nuestras voces no se hacen oír en relación a importantes cuestiones que afectarán constantemente a la humanidad. Estamos generalmente ocupados en la lucha con nuestra propia existencia y es difícil desafiar el statu quo. De hecho, hay tanto que no sabemos que pasa a ser muy complicado el hecho de protegernos a nosotros mismos y permanecer vigilantes. Mantener la fe exige un esfuerzo constante pero recuperar una fe perdida es aún más difícil.

Esencialmente, la vigilancia se ciñe realmente al desarrollo y el mantenimiento de los confines personales. Gracias al Ramadán, aprendemos a reconocer nuestros cuerpos como «puertas» por las que podemos permitir o impedir el paso de algo. Todos nosotros estamos al tanto de la sensación que cada día viene después del ayuno —cada vez que introducimos comida o bebida en nuestras bocas después de la puesta del sol, no podemos evitar a continuación preguntarnos si es correcto hacerlo o no—. Este reflejo es el mecanismo operativo fundamental para la vigilancia. Cada vez que se nos ocurre algo, deberíamos preguntarnos si es bueno para nosotros o no. Si en todo momento lo realizamos de este modo, estaremos a salvo y viviremos bajo la protección de Dios, ya que ésta es Su promesa clara para nosotros. Si mantenemos una actitud vigilante sobre nosotros mismos, Dios nos vigilará.



La Caridad durante el Mes de Ramadán
¿Qué es sadaqa al-fitr?

Fitr literalmente significa, entre otras cosas, «interrumpir el ayuno», «la constitución original», así como «la naturaleza del ser humano habiendo sido creado por Dios». Los donativos que se conceden obligatoriamente, esta caridad en forma de limosna procurada por los musulmanes antes de la oración del Id, que marca el final del ayuno del Ramadán, se llama fitra. Esta pequeña limosna es obligatoria para cada musulmán responsable que posea recursos económicos suficientes tanto para sí mismo como para las personas que dependan de él. Dar el sadaqa al-fitr es un acto de veneración concerniente a la propiedad y es obligatorio para cada musulmán que esté en posesión de una cantidad de provisiones mayor que la prescrita (suficiente alimento para la familia entera al menos para un día) después de dar dicha limosna. Se paga una vez al año al final del Ramadán, antes de la oración de la Festividad de Ramadán.

Sadaqa al-fitr es un acto necesario —wayip— según la Escuela de Jurisprudencia Islámica Hanafi y obligatorio —fard— según las Escuelas Shafi, Maliki y Hanbali. Se considera como una cuota para alcanzar el fin del Ramadán sin desgracias o problemas así como una provisión para el Id. En muchos benditos hadices el Mensajero de Dios, la paz y las bendiciones seansobre él, ordenó que los creyentes dieran el sadaqa al-fitr. Abdullah ibn Umar relató el siguiente hadiz: «El Mensajero de Dios ha prescrito que cada esclavo y ciudadano libre, sea hombre o mujer, joven o viejo, de como limosna del sadaqa al-fitr un sa’a (aproximadamente 3’350 Kg.) de dátiles antes de la oración del Id»[1]. En otro hadiz relatado por Abu Said al-Judri se indica: «Solíamos dar un sa’a durante la la época del Mensajero, y entonces nuestra comida consistía en cebada, pasas, leche en polvo sin materia grasa y dátiles»[2]. En otro hadiz el Mensajero de Dios dijo: «Proveed el sadaqa al-fitr en nombre de aquellos que están bajo vuestra protección»[3].

Los creyentes consideran sadaqa al-fitr como una acción de agradecimiento por la vida y la existencia, que son bendiciones otorgadas a los seres humanos por Dios. Por lo tanto, la obligación de dar el sadaqa al-fitr no depende de la condición de haber realizado el ayuno del Ramadán. Es decir, los creyentes que no realizan el ayuno del Ramadán son también responsables de dar el sadaqa al-fitr. Como se describe en un hadiz del Profeta, el sadaqa al-fitr suprime los defectos que son causados por comportamientos impropios durante el Ramadán y perfecciona el ayuno. Por otra parte permite al pobre compartir las alegrías y los placeres del Id[4]. Además, el sadaqa al-fitr se considera un medio para la aceptación del ayuno por parte de Dios, la salvación y liberación del tormento de la muerte y la tumba.

Las personas que conceden el sadaqa al-fitr son más numerosas que aquellos que tienen que dar zakat regular, que es uno de los cinco pilares del Islam. De este modo, cada persona que tiene dicha posibilidad posee la oportunidad de disfrutar del placer de proveer algo por y para Dios además de observar desde más cerca las condiciones de vida de los pobres y los necesitados en su misma comunidad. Además, así se les auxilia a los pobres sin que pidan ayuda y se sientan por lo tanto humillados. Y de este modo se construye un nuevo puente de hermandad y amistad, pasando a ser vigente en todas las comunidades.

¿Quién está sujeto a otorgar sadaqa al fitr —la limosna caritativa obligatoria por la interrupción del ayuno—?

Para que una persona sea capaz de conceder sadaqa al-fitr debe seguir las siguientes instrucciones:

Ser musulmán: Solamente los musulmanes pueden dar el sadaqa al-fitr. Sin embargo, de acuerdo con el Imam Shafi, un tutor no musulmán a cargo de un musulmán debe pagar el sadaqa al-fitr por éste, en su lugar.

Poseer más de lo que está prescrito en la cantidad de provisiones (nisab): Los creyentes que poseen más de la cuantía determinada de sus posesiones antes de dar su limosna están obligados a observar este acto como deber. Es decir, se les permite dispensar el sadaqa al-fitr a condición de que tengan pertenencias superiores en valor a 85 gramos de oro o 595 gramos de plata. A diferencia del zakat regular, la condición de que esta posesión sea de aquel tipo que incrementa o gana valor y haya pasado un año no es aplicable para el sadaqa al-fitr. Según las escuelas shaafi, maliki y hanbalí de la jurisprudencia islámica (madhab) no es necesario tener la cantidad indicada de las provisiones para ser idóneo en la concesión del sadaqa al-fitr. Aquellos que poseen suficiente comida para el día y la noche de la Festividad del Ramadán, a pesar de sus necesidades básicas, deben otorgar sadaqa al-fitr. Si un creyente pierde su propiedad o si el valor de lo que tiene decrece y se vuelve inferior a la cantidad señalada su obligación de dar el sadaqa al-fitr no se anula. Si el propietario muere antes de otorgar dicha limosna, ésta se anula. Sin embargo, sería mejor si su heredero lo paga en su lugar. Estar cuerdo y haber alcanzado la edad de la pubertad no son prerrequisitos para dar la limosna por la interrupción del ayuno. De acuerdo con Abu Hanifa y Abu Yusuf debe ser concedido el sadaqa al-fitr por los que no están en su sano juicio y por los niños antes de la edad de la pubertad vía sus tutores. Un creyente debe dar el sadaqa al-fitr correspondiente a los niños que tiene bajo su cuidado o de aquellos otros de los que es responsable o tutor.

Un musulmán que está capacitado para dar la limosna de la interrupción del ayuno debe también conceder la limosna por aquellos que están bajo su tutela y por aquellos que no son capaces de darla por si mismos. Debe asimismo dar la limosna de interrupción del ayuno por sus hijos o su hijo muerto. Sin embargo una persona no está obligada a dar el sadaqa al-fitr por sus padres, hijos ya independizados, esposa, hermanas o hermanos y otros, incluso si están bajo su tutela. Además el creyente vela por ellos pero no están estrictamente bajo su custodia. De todas maneras, él puede dar la limosna de su propiedad si así lo desea. Esta es la opinión del Imán Abu Hanifa. Los eruditos y sabios de otras escuelas de jurisprudencia son de la opinión de que si un hombre es capaz de otorgar sadaqa al-fitr debe ser también responsable por los que cuida, como sus padres y esposa, si estos así lo necesitan.

¿Cuándo sería conveniente conceder el sadaqa al-fitr?

Según la escuela Hanefi de jurisprudencia islámica el sadaqa al-fitr se vuelve obligatorio desde el inicio del mes de Ramadán hasta antes de que concluya el primer día de la Festividad del Ramadán. Aquellos que nacieron o abrazaron el Islam antes de que finalice son responsables de dar la limosna de la ruptura del ayuno. De todas maneras, de acuerdo con otras escuelas de jurisprudencia islámica están obligados a dar la limosna de la ruptura del ayuno antes del ocaso del último día del Ramadán. Como hemos dicho anteriormente, sadaqa al-fitr puede ser concedido desde el comienzo del primer día del Ramadán hasta el primer día de la Festividad del Ramadán. En cualquier caso, los eruditos recomiendan que los creyentes lo paguen uno o dos días antes de la Festividad, puesto que es así como está constatado aparentemente en las tradiciones. El principal objetivo de los creyentes es responder a las necesidades de los pobres antes de la Fiesta. Retrasarlo hasta algunos días después del primer día de la Fiesta no es aconsejable. En cualquier caso la obligación no se anula incluso si es pospuesta. Pero es mejor pagarla cuanto antes se pueda. Según la escuela shafi de jurisprudencia islámica está prohibido retrasar el pago, sin excusa alguna.

¿Cuál es la cantidad que se debe dar como limosna?

Como se ha mencionado antes, las tradiciones revelan que en la época del Profeta los creyentes acostumbraban a otorgar un sa’a (3’350 kg) en forma de alimentos como dátiles, cebada o pasas. Se informa también que los Compañeros y los Cuatro Califas rectamente guiados solían conceder ½ sa’a como fitr. Teniendo en cuenta las tradiciones y otras crónicas, los eruditos de la jurisprudencia canónica islámica determinaron la cantidad que ha de ser otorgada de la siguiente manera:

Según la escuela de Abú Hanifa cuatro tipos de alimentos, trigo, cebada, dátiles y pasas pueden ser concedidos en el sadaqa al-fitr. La cantidad sería medio sa’a para el trigo y un sa’a para el resto de alimentos. Según la escuela del Imán Shafi el fitr ha de ser un sa’a por cada clase de grano, dátiles y pasas. De todas maneras la limosna debe ser pagada con la comida que más predomine en cada región. Estas son cantidades prescritas por los textos clásicos de la jurisprudencia canónica.

De todas maneras si echamos un vistazo conciso a la práctica del Profeta y cuando tomamos en cuenta la esencia de este precepto, podemos ver que la cantidad a ser dada, que es un sa’a esta vez, debe ser suficiente para alimentar a un pobre durante un día. Está claro que la clase de alimento que se halla prescrita es la comida principal de la época y que cada clase tiene un valor distinto. Sin embargo, queda establecido que la cantidad a ser dada se determina en concordancia con el nivel de vida de la comunidad y no debe ser menor que la comida para un pobre suficiente para un día. Obviamente no sería suficiente conceder 1 sa’a de cebada, trigo, pasas o dátiles como limosna en la época que vivimos. En nuestros días, los eruditos de la jurisprudencia islámica son de la opinión de que la cantidad que ha de ser concedida como sadaqa al-fitr debe ser determinada por uno de los dos principios siguientes:

1. Que tenga el valor monetario de un sa’a de trigo, cebada, pasas y dátiles. A través de esta aplicación pueden dejar de estar preocupados y ser cautos acerca de la exacta cantidad a dar. En realidad pueden surgir diferentes cifras concernientes a la cantidad de la limosna, debido a las posibles variaciones entre las diferentes clases de alimentos. Por todo ello, establecer un promedio de dicha cantidad y anunciarlo a los creyentes sería probablemente lo más útil.

2. Tomar como medida la comida diaria ingerida por un ser humano. La cantidad determinada de esta manera no debe ser menor al valor mínimo prescrito en las tradiciones proféticas. Lo cierto es que es mejor tomar como medida el valor de una comida diaria como base para otorgar el sadaqa al-fitr. De todas maneras el nivel de vida de la persona que da el fitr y no el de la que lo recibe, es el que ha de ser tenido en cuenta. Esto es más pertinente en el propósito de conceder la limosna por la interrupción del ayuno. Seguirlo es una prueba de tal acercamiento. Con respecto a este asunto Dios dice en el Sagrado Corán: «Para la expiación, alimenta a diez personas indigentes, aparte de la comida que das a tu familia» (5:89). De hecho la cantidad prescrita en la tradición del Profeta y en los recursos canónicos son las cantidades mínimas. Es obvio que el significado principal es prevenir al pobre para que no mendigue y ayudarle, y que de este modo disfrute del Id. Por consiguiente, un creyente con capacidad de dar el sadaqa al-fitr debe otorgar la cantidad de dinero que normalmente gasta en comida para un día. Puede obtener la cantidad dividiendo el total de lo que gasta al mes por cada uno de los miembros en comida entre los días del mes. Por supuesto, los creyentes que viven en mejores condiciones pueden pagar más y eso es mejor. ¡Dios es el que más sabe!

¿Cómo se debe pagar el sadaqa al-fitr? Dar el sadaqa al-fitr es un acto de devoción y es obligatorio tener la intención antes de realizar este acto. De todas maneras, la persona que da el sadaqa al-fitr debe proponerse a hacerlo primero. La intención se debe hacer cuando se da el fitr o cuando se realiza el propósito de concederlo posteriormente. Tener la intención significa conceder de corazón la limosna para la complacencia de Dios. Aunque realizar el propósito con el corazón sea válido, es más aconsejable pronunciarlo. La persona que otorga el sadaqa al-fitr debe otorgarlo de una manera tal que lo que está concediendo no es más que la propiedad legítima que Dios le otorgó para que ayudara a los pobres, los necesitados y los estudiantes. No se necesita decir «esto es sadaqa al-fitr» cuando se da. Es mejor dar en efectivo dicha limosna ya que es difícil calcular en especie lo que necesitan aquellos que reciben. Si obtienen limosna en efectivo pueden comprar aquello que es más necesario. No obstante, puede dárseles el tipo de comida que suelen comer en la misma región. El sadaqa al-fitr debe ser otorgado en persona, en manos de aquellos que reciben la limosna. Esto es, no puede ser tomado como un préstamo pasado, pues no será valido.

[1] Bujari, Zakat, 76; Muslim, Zakat, 12.

[2] Bujari, Zakat, 74.

[3] Bayjaki, Sunan Kubra, 4/161.

[4] Abu Dawud, Zakat, 17; Ahmad Ibn Hanbal, Musnad, 2/277.



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MensajeTema: Re: Recuerdos del Ramadán   Sáb 26 Jun 2010 - 1:38

Historias del Ramadán

El árbol del pastor

Siempre que el viejo pastor marchaba a los prados para apacentar a sus ovejas, descansaba bajo un manzano cerca de una colina, y si era otoño se dirigiría al árbol diciéndole: «¡Venga, estimado árbol, dale una manzana a este anciano!» Y a continuación una deliciosa y madura manzana caía del árbol. El anciano tomaba su cuchillo, con su mango labrado en nácar, y cortaba la manzana en trozos. Luego mezclaba estos pedazos con yogur y lo comía con gran apetito.

El anciano pastor había plantado el árbol hacía ya veinte años y lo regaba con frecuencia al principio. Después de hacer las abluciones, regaba el árbol con el agua que permanecía en su jarra. El manzano creció y comenzó a dar fruta. En aquel tiempo, el pastor era joven y coger las manzanas no era ningún problema para él. Con los años, sin embargo, el árbol creció en altura y el pastor se hizo más viejo.

No importa cuantos años pasaran, el mismo árbol que el pastor había cuidado como si de un bebé se tratara le proporcionaba todavía al anciano sus frutas. Cuando el pastor acarició el árbol, le decía: «¡Hijo mío, envíame mi parte para hoy!», y una manzana caería sin necesidad de que él tuviera que repetir su petición.

Esto continuó durante años sin interrupción. Los aldeanos podían contemplar este acontecimiento desde la distancia y corrió el rumor de que el anciano era un santo. Por lo tanto, no dejaban a nadie más recolectar la fruta del «árbol del pastor» y si alguien se atreviera a hacerlo en secreto serían reprendidos. Un día, el pastor pidió una manzana de nuevo. Aunque las ramas estaban llenas de manzanas, ninguna de ellas se dejó caer. El anciano repitió su petición, una y otra vez. El árbol no respondió. El anciano se alejó del árbol, las lágrimas comenzaron a rodar por su cara, mojando su barba blanca y buscó el consuelo entre sus ovejas. Era la primera vez que su niño lo había rechazado.

El pastor caminaba encorvado, pues su cuerpo se había hecho demasiado pesado para sus débiles piernas, y es que el tiempo no pasaba en vano. Cuando reunió a las ovejas y se dirigió hacia el pueblo, se sorprendió cuando escuchó el adzan de la tarde —la llamada a la oración— que se dirigía a todos desde el minarete de la mezquita del pueblo. Fue como haber nacido de nuevo, cayó en la cuenta de algo. Sin prestar mucha atención a su viejo corazón, el pastor lleno de alegría corrió en dirección al árbol. Cuando abrazó al árbol con compasión le dijo: «Querido mío antes de permitir que este anciano se lamentara de su suerte, ¿por qué no me avisaste que hoy era el primer día del Ramadán y que tenía que ayunar?».

Tras romper el ayuno

Fuimos invitados a una comida de iftar junto a algunos profesores de universidad por un hombre de negocios. Cuando se acercaba el momento de romper el ayuno el tema de nuestra conversación se tornó hacia la comida. Teníamos un hambre «voraz» y deseábamos disfrutar de la comida que iban a servirnos. Entonces llegó la hora y nos levantamos. Antes de que llegáramos a la mesa, nuestro anfitrión nos ofreció dátiles para romper el ayuno y aconsejó comer después de que hubiésemos terminado la oración de magrib.

Yo no me había podido levantar para realizar la comida antes del amanecer y me desilusionó en extremo dicha sugerencia. Cuando este pensamiento cruzó por mi mente, el anfitrión me dijo: «¿Le gustaría dirigir la oración, Sr. Suavi? Oí que usted lo suele hacer a menudo».

Me di prisa y di un paso adelante para ubicarme por delante de las filas y comenzar de inmediato ya que no quería perder más tiempo. Cuando uno de los profesores comenzó a recitar el qamat, antes de que comenzáramos la oración, mi pobre estómago emitía quejidos por el hambre. El comedor estaba lleno de invitados y en el mismo instante en el que estaba a punto de comenzar a recitar la oración, el hijo más joven de nuestro anfitrión entró con una bandeja llena de pizzas, dejando aquella comida maravillosa en la mesa que se hallaba junto a mí. Supongo que el chico era algo travieso a su vez, pues debió intuir el hambre que tenía; el chico se echó a la boca un gran bocado de una porción de pizza y miró a mis ojos directamente con una sonrisa maliciosa, relamiéndose sus labios. La tentación fue suficiente como para influir negativamente en mi concentración. Detrás de mí se encontraba un profesor de física de la facultad en donde trabajamos juntos. Yo sabía que no le gustaba mucho la pizza y le pedí dirigir la oración ya que no era capaz de hacerlo apropiadamente. Ese buen hombre no rechazó mi petición y tomó mi lugar. Cuando el qamat estaba siendo recitado por segunda vez el chico entró de nuevo, esta vez con una olla llena de arroz cocido con pollo asado.

Mi amigo no podía apartar sus ojos de los platos deliciosos. Después de tragar saliva se tornó hacia nuestro anfitrión y dijo: «Acabo de recordar que sería mucho mejor que el anfitrión dirigiera la oración».

Nuestro anfitrión se sorprendió, pero se adelantó en las filas, y alguien más recitó el qamat esta vez, ya que el profesor estaba cansado. Finalmente, logramos comenzar la oración. El hombre era un hafiz, es decir, había memorizado el Corán al completo, versículo por versículo, y enseñaba a recitarlo a numerosos estudiantes. Leyendo los versículos con precisión, el anfitrión no tuvo prisa. Después de haber terminado Fatiha, siguió con la Sura al-Yasin. Pensé que leería simplemente unos versículos al principio, pero, ¡ay de mí! No fue así, recitó la sura entera y comenzamos la segunda parte de la oración veinte minutos más tarde. Él siguió con la Sura ar-Rahman. Debió haber sido por las bendiciones en el Paraíso que son mencionadas en estos versículos, pero mi hambre se hizo insoportable y mis piernas comenzaron a temblar.

Por fin, tras media hora, la oración fue completada. Entonces nuestro anfitrión indicó: «No he podido ayunar hoy puesto que me han operado recientemente. Debéis tener hambre, por favor acercaos a la mesa».

Mientras ingeríamos la comida pensé cuán impotentes criaturas éramos y cuán maravillosas son las bendiciones que nos han sido concedidas. Cada bocado de comida pasó por mi garganta con un sentimiento de apreciación, reflexión, y de sumo agradecimiento. Y me sentí como un sultán en el mes de Ramadán, el «mes sultán de todos los meses».

El Júbilo de la Festividad de Ramadán: Eid Al-Fitr

El eid es una bendición, un ofrecimiento, un beneplácito especial. Es un presente divino entregado por el Profeta. El principio de estas festividades se remonta a la Sagrada Emigración. Cuando el Mensajero de Dios llegó a Medina y honró convenientemente a la ciudad, existía anteriormente una tradición establecida ya en la que se dedicaba dos días del año a todo tipo de celebraciones y espectáculos conmemorativos. Cuando preguntó qué era importante acerca de esos días, le respondieron que eran jornadas que solían dedicar al entretenimiento. Como el Profeta cambió otras tradiciones pertenecientes a la Yahiliya —la «Época de Ignorancia», antes de la llegada del Islam— asimismo cambió ésta indicando: «Dios el Omnipotente ha sustituido estos dos días por otros mejores. Éstos son el Eid al-Fitr y Eid al-Adha».

La alegría del Eid al-Fitr

La festividad de Eid al-Fitr es uno de los símbolos de Islam. Hasta este día, todo el mundo comparte este regocijo, tanto si ayunan o realizan las oraciones prescritas como si no, incluso aquellos que no creen participan de la alegría de Eid. La alegría, el regocijo, el entretenimiento y la celebración son los rasgos especiales de estos días. Tanto jóvenes como mayores, todos son conscientes de este ambiente maravilloso. La festividad del Eid trae la felicidad, la tranquilidad, y el alivio. Los creyentes están alegres y llenos de vida; se puede ver en todas partes rostros sonrientes y ojos brillantes de la alegría.

Aquellos que aprecian esta bendición se deleitan con el placer inherente al conocimiento de que han hecho todo lo posible en esta prueba mundana para ser un buen siervo de Dios, sienten el entusiasmo de ser anunciados con las buenas nuevas del perdón divino, y logran que la serenidad implícita en la veneración diaria forme parte de sus vidas. Aunque el ayuno es prescrito durante todos los días del mes de Ramadán, está prohibido ayunar durante los días de Eid. Durante la festividad del Eid, los creyentes disfrutan de las provisiones otorgadas por Dios el Sustentador. También dan limosna y la caridad, son hospitalarios con los invitados así como se intercambian regalos entre todos. Ayudan a los niños, los parientes, los pobres, y todos aquellos necesitados… lo hacen de un modo tal que hasta la gente más pobre se beneficia de las bendiciones. Como el Mensajero de Dios declaró: «Éstos son días para comer y beber».

El entretenimiento y la distracción

La historia del entretenimiento durante los días de la festividad del Eid se remonta a la época del Profeta. Tan sólo los dos ejemplos que vienen a continuación serán suficientes para mostrar que la sunna, las costumbres y tradiciones del Profeta, era natural y compatible con la naturaleza humana: Era un día de la festividad Eid. Dos jóvenes chicas del Ansar —los «ayudantes», musulmanes originarios de Medina— tocaban la pandereta y entonaban baladas junto a Aisha. Abu Bakr al-Siddiq las contempló y reaccionó inmediatamente, diciendo a su hija Aisha «¡El sonido de Satanás en la casa del Mensajero de Dios!» El Mensajero de Dios proporcionó la siguiente respuesta: «Oh, Abu Bakr, cada nación tiene una celebración. Y esta es la nuestra». Durante otro día de la festividad de Eid dos hombres, naturales de Sudan, actuaban fingiendo un combate con sus lanzas y escudos. El Mensajero de Dios preguntó a Aisha: «¿Deseas contemplarlos?» Cuando ella le contestó que sí, la dejó sentarse detrás de él, Aisha apoyó su cabeza sobre su hombro y luego juntos vieron el espectáculo. Mientras tanto el Profeta animaba a los participantes. Aisha relató: «Seguí viendo el espectáculo hasta que me aburrí. Entonces el Mensajero de Dios me preguntó “¿Es suficiente por hoy?” y cuando le dije que sí, expresó “Vámonos pues entonces”».

Resuena la invocación «Allahu Akbar»

Aunque las diversiones de la festividad del Eid estén enmarcadas dentro de los límites permitidos por la religión, a veces no podemos controlar nuestros sentimientos y excedemos dichos límites. Por lo tanto mantener el equilibrio es muy importante, y proteger dicha mesura sólo puede ser posible por medio de la conmemoración de Dios, la cual alimenta el corazón, así como mediante la acción de dar gracias, ya que es nuestro deber para con Nuestro Señor. Como el renombrado erudito Said Nursi declara a su vez, a través de la acción de dar gracias, aumentan las bendiciones de Dios y se suprime la ingratitud.

Durante los días del Eid, el takbir (Allahu Akbar —«Dios es el Más Grande»—) es repetido con frecuencia. A la vez que pronunciamos el takbir, los siguientes significados confluyen en nuestro corazón: «El poder y el conocimiento de Dios Todopoderoso es superior a todo y nos abruma. Nada puede escapar de Su poder o ser excluido de Su conocimiento. Él es Más Grande que todas las cosas colosales que tememos. La resurrección, ser redimido de la pobreza así como la concesión de la dicha absoluta y eterna no son nada en comparación con Su Grandeza».

La Oración del Eid

Otro cumplimiento religioso durante la festividad del Eid es la oración. La realización de las oraciones prescritas es la esencia del sumo agradecimiento a Dios Omnipotente, es el sentido de ser humano y el límite superior del regocijo espiritual. Los creyentes que se acercan a su Señor por medio de las oraciones de tarawih a lo largo del mes de Ramadán son envidiados por los ángeles durante la mañana del día de Eid. Incluso los creyentes que no efectúan las oraciones diarias se hallan embelesados con regularidad por dicho momento de júbilo y viven el dulce entusiasmo de hallarse en la mezquita a tiempo; sin ser conscientes, dan un paso adelante para familiarizarse con las oraciones diarias. Durante esta mañana bendita, las mezquitas se encuentran repletas y a veces una parte de la congregación ha de rezar al aire libre por falta de sitio. La muchedumbre en la mezquita es mayor que la de la oración de viernes. En realidad, ellos pueden sentir en sus corazones el significado de las palabras del Profeta: «La primera cosa que hacemos hoy es rezar».

El Eid no significa engalanarse con ropas nuevas; el verdadero Eid no es más que engalanarse con una dulce sonrisa en tu cara.

El Eid no quiere decir conducir tu coche hacia lo lejos; el verdadero Eid es ahuyentar tus pecados.

El Eid no es vestirse bien y mostrarse bien arreglado; el verdadero Eid es ser embellecido por la piedad.

El Eid no significa mirar sólo acontecimientos emocionantes; el verdadero Eid es ser honrado por contemplar la belleza de Dios en el Más Allá.

Sinceramente espero que todos vosotros experimentéis las festividades de Eid del mismo modo que aquellos en el Paraíso…


¿Cuál es el Significado Espiritual del Ayuno?
Nuestro objetivo en este artículo no es más que estudiar el significado íntimo del ayuno. Sin embargo, en primer lugar vamos a estudiar algunos puntos importantes. ¿Qué sabiduría intrínseca subyace al abstenerse durante el día de la ingestión de líquidos y alimentos, que son necesidades naturales, debido al ayuno? ¿No es perjudicial para la salud ayunar puesto que nos impide tomar las calorías y los nutrientes suficientes durante el invierno, por ejemplo?

Ayunar absteniéndose de comer y beber desde el punto de vista islámico no es perjudicial para la salud durante las épocas más frías. Las observaciones biológicas demuestran que ciertos animales salvajes no pueden encontrar nada para comer, y para combatir esta escasez de alimentos y el frío externo se refugian en cubiles pasando el invierno en un estado similar al sueño, la llamada hibernación, un «sueño invernal» en donde se ralentiza el ritmo metabólico corporal y «ayunan» durante toda la época gélida del año. Este sueño los rejuvenece y los fortalece a principios de la primavera, cuando despiertan. Ocurre lo mismo con los árboles, pierden las hojas, se aletargan e incluso no necesitan agua. Después de unos meses «ayunando», con la llegada de la primavera, se rejuvenecen y pasan a ser árboles más vigorosos, brotando de ellos nuevas hojas y flores.

Como todos los órganos, el sistema digestivo necesita descansar y el ayuno es la respuesta a esa necesidad. Pero el verdadero objetivo del ayuno no son tales beneficios médicos. El ser humano es la gran obra de Dios. Es una unión de elementos contradictorios, el cuerpo y el alma, lo material y el significado que se complementan en ello. La felicidad del hombre depende del equilibrio entre ambos elementos. Como nuestro lado material y mundano es más concreto y dominante, siempre tiende a ensombrecer y dominar nuestros poderes espirituales. Si esa tendencia continua influyendo durante mucho tiempo, impide la maduración del alma humana. Para poder someter al cuerpo ante el alma, hay que limitar el poder del cuerpo y fortalecer el alma. El hambre, la sed y la limitación de los deseos sexuales además de controlar nuestra lengua, nuestro corazón y nuestra mente son muy eficaces para alcanzar dicho objetivo. Esto es un hecho ampliamente comprobado por la experiencia. Una de las señales de la madurez de una persona es la sumisión de la naturaleza animal a la mente y el alma. La naturaleza humana es indócil, a veces se excede y a veces es afable. Para calmarla se necesita una práctica tan dura como «el ayuno». Si pide perdón después de cometer un pecado e intenta borrarlo ayunando, esto hace que su voluntad sea firme, purifica su alma y le consuela. Abstenerse de la comida y el agua es una característica de los ángeles. Aquel que ayuna se asemeja a los ángeles y lo más importante, lo acerca más a Dios por lo que hace, es decir, ayuna porque es un decreto de Dios. Así, alcanza la complacencia de Dios que es el último objetivo de los fieles.

Hay algunas normas que hay que cumplir para lograr el objetivo del ayuno. El ayuno es la acción de «permanecer lejos de los actos que lo rompen». Con un significado perfecto, el ayuno se realiza con la participación de todos los órganos ya que hemos de privar al estómago de comer y beber tanto como resguardarnos de la mentira, los insultos y hablar en vano. El ojo no tiene que mirar hacia lo ilícito y buscar los defectos de los demás. Los oídos no tienen que escuchar calumnias ni murmuraciones. Y lo más importante es que el corazón y la mente tienen que reflexionar sobre aquello que es bueno. Los eruditos espirituales dicen que mentir y murmurar acerca de alguien rompe el ayuno. El que no ayuna con todas las partes de su cuerpo parece que así lo hace pero en realidad no puede alcanzar la profundidad del ayuno. Un hadiz del Profeta Muhammad menciona la misma verdad: «Mucha gente que ayuna no obtiene nada de su ayuno excepto hambre y sed». Aquel que ayuna con todo su cuerpo y alma será más cuidadoso y decente. Incluso, si alguien le injuria o le molesta, debe decirle: «Estoy ayunando», pues nuestro amado Profeta nos lo sugiere. Además, es uno de los motivos por los que disminuyen los problemas de orden público. Todos los actos religiosos pasan a ser meritorios después de ser adornados con la noble cualidad Ijlas —«sinceridad»—. Ijlas significa hacer cualquier acto con una intención pura, solo por Dios. El ayuno es la verdadera muestra del ijlas. En un hadiz qudsi, Dios dice: «El ayuno tan sólo es por Mí, y Yo lo recompensaré». Por eso, los creyentes han de estar libres de todos aquellos actos que dañan su ijlas. No tienen que esperar alguna recompensa o un privilegio por ayunar, para que así no se menoscabe la dignidad de su veneración. Hemos mencionado antes que eruditos espirituales de profunda percepción inciden acerca de que no cumplir las reglas éticas daña el ayuno. Según ellos, el hadiz qudsi «El ayuno tan sólo es por Mí…» significa que «Dios es el Único Independiente de los demás, Quien no necesita nada ni a nadie; así pues, quien conduce la Ajlaq Divina, la naturaleza interior, le será recompensado de un modo tal que ni los ojos lo han visto ni los oídos lo han oído». Existe otra interpretación de este hadiz qudsi: «El ayuno es un acto de veneración implícito y nadie tiene parte en éste así que Dios dice: “Yo lo recompensaré”». El ayuno consta de tres partes: El ayuno del alma significa abandonar las ambiciones desmedidas y tener sobriedad. El ayuno del intelecto no es más que permanecer en contra de los deseos del yo carnal. El ayuno del nafs es abstenerse de comer, beber y de lo ilícito. El hadiz que dice «El ayuno es un escudo» ha sido interpretado como una separación entre el hombre y todo lo demás excepto Dios. Mawlana dice: «El ayuno sirve para abrir los ojos del corazón sujetando la boca. Los ojos del alma pueden ser abiertos haciendo de las fuerzas corporales algo ineficaz. Ningún acto de veneración puede iluminar a aquellos cuyo corazón es ciego».

Según Mawlana el ayuno es la mayor de las veneraciones: «Este es el “Buraq” que lleva al hombre al Mi’ray. Es el misterio del Corán y una lucha contra los deseos carnales. Es aquello que da fuerza frente al mal y hace madurar a los seres humanos. Proporciona la existencia a través la inexistencia».

En resumen, hay tres grados de ayuno: El ayuno de la gente común debe abstenerse de comer, beber y de tener relaciones sexuales desde antes del amanecer hasta el ocaso. El ayuno de los verdaderos sabios —Khawas— no es más que tomar bajo total control el resto del cuerpo además del ayuno de la gente común.

El ayuno de la «elite» de los sabios —Khawasul khawas, Arifin— consiste en privar al corazón de todo aquello que no sea Dios. Durante el ayuno el pueblo llano no colma su estómago con el alimento, los sabios se abstienen de toda clase de mal y contienen todos sus órganos, y la flor y nata de la Umma (Arifin) tan sólo llena sus corazones con Dios. Este es el verdadero objetivo esperado del ayuno[1].

[1] Demirci, Mehmet, «İbadetlerin İç Anlamı», Tasavvuf Dergisi, V: 3, Ankara, 2000.


Actos permitidos y prohibidos durante el ayuno
El ayuno, un tipo de devoción con el fin de acercarnos a Dios, fue ordenado para purificar el alma y adiestrarla en las acciones de bien. Aquellos que están ayunando deben evitar cualquier acto que pueda cancelar los beneficios de su ayuno de modo que su ayuno pueda incrementar su conciencia personal de Dios y su piedad. Ayunar es mucho más que solo dejar de comer y beber, también significa evitar todo lo que Dios ha prohibido. El Mensajero dijo: «Ayunar no es sólo (una abstención) de comer y de beber, sino que también es alejarse del discurso vano y del lenguaje vil. Si uno de vosotros está siendo maldecido o molestado, deben decir: “Estoy ayunando, estoy ayunando”».

Actos permitidos

Verter agua sobre uno mismo y sumergirse en el agua.
Aplicar gotas para los ojos o cualquier otra cosa en los ojos.
Besar, previendo que uno posee un gran dominio de sí mismo.
Enjuagarse la boca y la nariz, sin tragar nada de agua.
Probar un líquido, comida, o algo más que uno desea comprar. Sin embargo, nada que sea comestible debe ser tragado.
Mascar un chicle (a diferencia de algo que no tenga sabor o fragancia) es desagradable pero no invalida el ayuno.
Comer, beber o tener relaciones sexuales durante la noche y hasta el amanecer.
Si uno come por olvido, este día no tiene que ser compensado con otro ni ser enmendado.
Llevar a cabo gusl antes del amanecer no es requerido, pero es recomendable permanecer puro antes de comenzar a ayunar.
Si el sangrado menstrual o posparto de una mujer se termina durante la noche, ella puede retrasar gusl hasta la mañana e incluso ayunar ese mismo día. No obstante, debe realizar dicho gusl antes de la oración de la mañana.
Quienes están ayunando pueden usar un palillo dental o un cepillo para limpiar sus dientes, no importando si esto se hace al comienzo o al final del día.
Oler perfumes.
Tragar cualquier cosa humedecida con saliva, que haya quedado en la boca después de lavarla.
Dejar pasar sólo unas cuantas gotas de lágrimas o de sudor, siempre y cuando su sabor no pueda ser percibido.
Comer cualquier cosa comestible que haya quedado entre los dientes, la cual sea más pequeña que el tamaño de un garbanzo.
Cualquier cosa que no es comestible y que entre en la boca sin intención (es decir, humo, polvo y el sabor del medicamento puesto en los dientes) no invalida el ayuno.
Besar, tocar o acariciar a alguien del sexo opuesto, previendo que no ocurrirá eyaculación alguna, así como ninguna actividad sexual de la que no resulte una eyaculación. Cualquier eyaculación que sea el resultado de mirar y pensar no invalida el ayuno.
Tener un sueño húmedo durante el día o cualquier eyaculación de fluido seminal.
Actos prohibidos que requieren de la compensación

Comer por error (distinto del olvido) o coerción.
Tragar sangre cuya cantidad sea mayor que la saliva con la cual se haya mezclado y cuyo sabor sea perceptible.
Tragar una cantidad considerable de gotas de lágrimas o de sudor cuyo sabor sea percibido.
Eliminar de la boca cualquier cosa comestible que haya quedado entre los dientes, la cual sea más grande que un garbanzo y entonces, comerlo.
Vomitar. Cualquier cantidad que regrese al estómago no invalida el ayuno. Sin embargo, si uno lo traga de nuevo de manera intencional, el ayuno se rompe.
La eyaculación que ocurre con placer por besar, tocar o por masturbación.
Sangrado menstrual y posparto, aún si éste comienza justo antes de la caída del sol.
Si uno come, bebe, o incluso si mantiene un coito, pensando que el sol se ha puesto o que el tiempo para fayr no ha llegado.
Cualquier inyección, ya sea para suplir la falta de nutrientes o para fines médicos. No tiene importancia si la inyección fue por vía intravenosa o hipodermica, o si lo que fue inyectado llega al estómago.
Cualquier bebida o medicina que pase a través de la garganta o de la nariz. Sin embargo, el agua que entra en los oídos está permitida.
Cualquier fluido que entre en el cuerpo a través del recto.
Actos que invalidan el Ayuno y que Requieren de Compensación y de Enmienda (Expiación)

Comer, beber o tener relaciones sexuales durante el día de manera intencional requiere compensar dicho día y de una expiación. La expiación está definida hoy en día como ayunar durante 60 días consecutivos; si uno no puede hacer esto, se debe alimentar a una persona pobre durante 60 días o a 60 personas pobres durante un día con una comida similar a la que uno comería en su casa.

La mayoría de los eruditos dicen que ambos, hombre y mujer, deben realizar actos de expiación si durante el día tuvieron relaciones sexuales de manera intencionada, incluso si habían realizado la intención de ayunar ese día. Si ellos mantienen dichas relaciones a causa del olvido, la coerción, o sin tener la intención de ayunar, no tienen que llevar a cabo ningún acto de enmienda.

Si la mujer fue violada u obligada por un hombre, solamente el hombre tiene que hacer un acto de expiación. Todos los estudiosos están de acuerdo en que la gente que rompe su ayuno de manera intencional y hace una expiación, y entonces lo rompe de nuevo de una manera que requiere otra expiación, debe llevar a cabo otro nuevo acto de expiación. De igual forma, todos ellos están de acuerdo en que si los creyentes interrumpen su ayuno dos veces durante un día, antes que realizar la enmienda para el primer acto necesitan realizar un solo acto de enmienda. Si los fieles interrumpen su ayuno y a continuación lo vuelven a romper durante el mismo Ramadán sin expiación, sólo tiene que hacer su expiación una sola vez. La razón de esto es que hay un castigo por los actos que son repetidos, y si una expiación o castigo no es cumplido, todos esos actos se combinan en uno solo.



¿Por qué Dios ordena a los musulmanes que ayunen?

El ataque en descenso en picado de un halcón contribuye incrementar la actitud alerta y el desarrollo de las habilidades de fuga de un gorrión. Aunque la lluvia, la electricidad, o el fuego dañen en ocasiones a las personas, nadie las maldice. El ayuno puede ser un acto difícil, pero provee al cuerpo de energía, actividad y resistencia. El sistema inmunológico de un niño, por lo general, se fortalece tras una enfermedad. La gimnasia no es una actividad fácil, aunque sí esencial para la salud y la fortaleza corporal. Los espíritus de las personas son perfeccionados y purificados mediante la veneración y la meditación así como por medio de la enfermedad, el sufrimiento, y la dificultad. Éstos les permiten alcanzar el Paraíso, ya que Dios otorga una gran recompensa a cambio de un sacrificio pequeño. Las dificultades y sufrimientos permiten ascender a la gente a los más altos grados espirituales y así recibirán en abundancia en el otro mundo. Esta es pues la razón de por qué todos los Mensajeros experimentaron las dificultades y los sufrimientos más penosos.

La dificultad, el sufrimiento y la calamidad ocasionan que los pecados de los creyentes sean perdonados, los mantienen alejados de los pecados y las seducciones de Satanás y el yo carnal, les ayudan a apreciar las bendiciones de Dios y abren el camino a la gratitud. Asimismo dichas calamidades estimulan al rico y al sano a preocuparse y prestar atención al enfermo y el pobre además de ayudarles. Los que nunca han sufrido no pueden entender la condición de aquellos que tienen hambre, que se hallan abatidos por las enfermedades o de las personas golpeadas por un desastre. Además, dicha congoja, dicha consternación pueden ayudar a establecer relaciones más estrechas entre las diferentes clases sociales.

¿Qué papel desempeña la intención en el ayuno?

La intención tiene un lugar destacado en nuestras acciones, ya que el Mensajero nos dijo que nuestras acciones son juzgadas de acuerdo a nuestras intenciones. La intención es el espíritu de nuestras acciones, puesto que sin la misma no hay ninguna recompensa. Si te quedas con hambre y sed desde el amanecer hasta la puesta del sol sin haber tenido la intención de ayunar, Dios no lo considerará un ayuno.

Si ayunas sin la intención de complacer a Dios, no recibirás recompensa alguna. Así, dependiendo de la intención al realizar algo, una persona recibirá su recompensa en proporción justa. Los que poseen una creencia firme en Dios, en los demás pilares de fe y tienen la firme intención de creer en ellos serán recompensados con la felicidad eterna en el Paraíso. Pero para los que han decidido no creer y aquellos que han eliminado la tendencia innata de creer de sus corazones, serán víctimas de su determinación eterna y merecerán el castigo eterno. A colación de aquellos con una incredulidad profundamente inculcada, los cuales han perdido la capacidad para creer, leemos en el Corán lo siguiente: «Para los incrédulos, es igual si les adviertes o no. Ellos no creerán. Dios ha puesto un sello sobre sus corazones y sobre sus oídos y sobre sus ojos hay una cubierta» (Sura al-Baqara, 2:6-7).

En cuanto a los que dicen que el ayuno prolongado no es saludable, que afecta al rendimiento laboral de las personas o incluso al desarrollo de una nación, ¿qué hay de cierto en ello?

La vida humana es una combinación de dos poderes distintos: el espiritual y el carnal. Aunque a veces actúen en armonía, el conflicto es más habitual —cuando el uno derrota al otro—. Si las lujurias corporales son satisfechas, el espíritu se debilita y se hace más obediente a dichas lujurias. Si uno puede controlar los deseos carnales y ubica el corazón (la sede del intelecto espiritual) sobre la razón, oponiéndose pues a las lujurias corporales, entonces alcanza, sin duda, la eternidad. En comparación con los siglos anteriores, puede que las personas disfruten de una salud mejor y se complazcan de más lujos y comodidades hoy en día. Sin embargo, se hallan atrapados por la avaricia, el encaprichamiento, la adicción, la necesidad, y la fantasía mucho más que nunca. Cuanto más satisfacen sus apetitos animales, más enloquecen para continuar satisfaciéndolos; cuanto más beben, más sed tienen; cuanto más comen, más hambrientos se encuentran.

Se sumergen e involucran en malvadas conjeturas para avivar su avaricia y ganar aún más, y de este modo vender sus espíritus a Satanás en pos de las más banales prerrogativas. Así comienzan a desligarse, cada día que pasa más, de los valores humanos. Sacrificar el disfrute de los placeres mundanos tiene la misma importancia para el progreso humano que las raíces la tienen para el crecimiento de un árbol. Tal y como un árbol crece sano y fuerte en directa proporción a la firmeza y el vigor de sus raíces, la gente crece en relación a la perfección de aquellos que se esfuerzan por liberarse de su ego y así pueden vivir con el objetivo de hacer el bien a los demás.

¿Qué prácticas espirituales y perspectivas se deberían adquirir durante el Ramadán realizando un esfuerzo especial?

Muhasaba (Autocrítica): La autocrítica puede ser descrita como la búsqueda y el descubrimiento de la profundidad espiritual interior de una persona así como ejercer el esfuerzo necesario espiritual e intelectual para adquirir verdaderos valores humanos y desarrollar los sentimientos que los promueven y sustentan. Así es como podemos distinguir entre lo bueno y lo malo, lo beneficioso y lo dañino además de conocer cómo podemos mantener el corazón integro. Igualmente, permite a un creyente evaluar el presente y prepararse para el futuro. La autocrítica posibilita a un creyente enmendar errores pasados así como ser absuelto a la vista de Dios, ya que ello proporciona la constante consecución de la renovación —por sí mismo— del mundo interior del creyente. Tal condición permite alcanzar una relación estable con Dios, ya que dicha relación depende de la capacidad de un creyente para vivir una vida espiritual y permanecer consciente de lo que ocurre en su mundo interior. El éxito desemboca en la preservación de la naturaleza celestial de éste como un verdadero ser humano, así como la regeneración continua de los sentidos y sentimientos interiores.

Tafakkur (Reflexión): La reflexión es un paso vital para darnos cuenta de qué es lo que está pasando alrededor nuestro y de las conclusiones que podemos sacar de todo ello. No es más que una llave de oro para abrir la puerta de la experiencia, un semillero donde los árboles de la verdad son plantados y la apertura de la pupila del ojo del corazón tiene lugar. Debido a esto, el mayor representante de la humanidad, el más adelantado en relación a la reflexión y el resto de virtudes, que la paz y las bendiciones estén con él, señala: «Ningún acto de veneración posee tanto merito como la reflexión. Así pues reflexionad sobre las generosidades de Dios y las obras de Su Poder, pero no tratéis de reflexionar sobre Su Esencia, ya que nunca seréis capaces de hacerlo». Con estas palabras, aparte de indicarnos el mérito de la reflexión, el Orgullo de la Humanidad, el Profeta Muhammad —la paz y las bendiciones estén con él— determina los límites de la reflexión y nos recuerda nuestros propios límites.

Shukr (Gratitud): La verdadera gratitud en el corazón de un creyente se manifiesta mediante la convicción y el reconocimiento de que todas las generosidades provienen de Dios y en consecuencia establecen un orden en su vida. Una persona puede agradecer a Dios verbalmente y a través de su vida diaria tan sólo si está personalmente convencida y si voluntariamente reconoce que su existencia, vida, cuerpo, aspecto físico así como todas las capacidades y logros conseguidos proceden de Dios, como lo son todas las generosidades obtenidas y utilizadas. Esto se halla declarado en el Corán: «¿No veis acaso lo que Dios os facilitó, lo que está en los Cielos y lo que se halla en la Tierra y os concedió Sus generosidades visibles o invisibles?» (Sura al-Luqman, 31:20), así como: «Él os concede todo lo que Le imploráis; y si tenéis en cuenta las generosidades de Dios, nunca podréis contarlas» (14:34). Por supuesto deberíamos tratar de mejorar e incrementar todas las virtudes durante el Ramadán puesto que es, sin duda alguna, el mejor momento del año para hacerlo.


Beneficios espirituales básicos del ayuno

El objetivo principal de la espiritualidad islámica es establecer una proximidad personal íntima con Dios. Mientras que las creencias del Islam dirigen a un musulmán en pos de un vasto camino hacia Dios, los cinco pilares de Islam proporcionan un procedimiento con el cual recorrer el camino superando las barreras entre un musulmán y Dios. Mientras que la «shahada» —el testimonio de fe— nos distancia de falsas deidades (o deidades con grandes limitaciones), el «salat» —las oraciones prescritas— nos separa de los asuntos mundanos, el mismo «zakat» —la limosna prescrita— aleja al creyente de los tormentos de la riqueza material o el «hayy» —la peregrinación—, es una separación de la carga de los pecados y el racismo, por su parte el «sawm» —el ayuno prescrito— distancia al creyente de los deseos carnales y los impulsos emocionales.

Para ciertas personas, lo que parece ser una dura prueba infligida a sí mismo es realmente una profunda experiencia humana. El ayuno aborda una debilidad fundamental en el yo carnal (nafs) del ser humano, llevado por un impulso. El ejercicio constante de la fuerza de voluntad con el fin de no ingerir alimentos y bebidas así como no tener relaciones sexuales permite tener el espíritu bajo control, a pesar de que el cuerpo constantemente envía impulsos con la intención de llevar a cabo tales actos, remitiendo un mensaje al nafs que es el libre albedrío del ser humano. El ayuno no sólo significa hallarse hambriento o sediento sino que es también una lucha con el fin de contener cualquier impulso destructivo del nafs. El Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones estén con él) comentó: «Aquel que no deja de decir mentiras ni actuar de una forma falsa, Dios no tiene necesidad alguna de que este se abstenga de comer ni beber». Así pues el resultado clave del ayuno es refrenar todos los impulsos físicos que no provienen, de manera consciente, de la persona. De este modo, la dependencia absoluta de alguien hacia estos deseos e impulsos es alejada y transformada en una dependencia relativa, guiada con la Orientación Divina que conduce al creyente a encontrarse más cerca de Dios.

Por lo tanto, la principal ventaja espiritual del ayuno es ejercer la fuerza de voluntad y lograr el autocontrol, el dominio de uno mismo, necesario para alcanzar el éxito en cada aspecto de nuestras vidas. Ayunar durante treinta días consecutivos ciertamente mejora la fuerza de voluntad y transforma el autocontrol en un hábito tal que al final del Ramadán la mayoría de la gente todavía piensa que continúa ayunando. El beneficio resultante de la mejora en la fuerza de voluntad extiende su impacto positivo en cada faceta de la vida humana.

Es importante mantener esta nueva habilidad recién obtenida durante todo el año hasta la llegada del siguiente Ramadán. El bendito Profeta solía ayunar todos los lunes y los jueves de cada semana aparte del mes de Ramadán. Él recomendó a los musulmanes hacerlo así o adquirir otra fórmula para ayunar regularmente aunque no fuese obligatorio.

Un interesante experimento fue llevado a cabo en la década de los 60 del siglo pasado en un jardín de infancia del campus de la Universidad de Stanford, donde se ensayó e investigó la habilidad de resistir la tentación en un grupo de niños de cuatro años de edad. En una habitación se colocó una golosina e indicaron a los niños que podrían comerla en ese preciso instante o esperar a que el investigador hubiese regresado tras su marcha, lo que en tal caso, como recompensa, significaría conseguir dos golosinas en vez de una. Mientras algunos niños esperaron para poder conseguir dos golosinas, otros se la comieron inmediatamente.

Se siguió la trayectoria vital de los mismos niños objetos del estudio durante 14 años con el fin de ver como actuaban en la vida. Aquellos que habían resistido cuando tenían cuatro años a la tentación, ahora como adolescentes eran socialmente más competentes, más eficaces en el plano personal, muy seguros de sí mismos y con una capacidad mayor de enfrentarse a las frustraciones de la vida… Quienes comieron la golosina durante su infancia, sin embargo, no compartían todas las cualidades anteriormente mencionadas y lo que es más, presentaban en ocasiones un cuadro psicológico problemático… Sorprendentemente, aquellos niños que habían esperado pacientemente a la edad de cuatro años tenían más éxito en sus estudios que los que actuaron impacientemente… Y aún más asombroso, tenían puntuaciones más altas en sus pruebas SAT —Scholastic Test Exam, Examen de acceso a la Universidad en los Estados Unidos—. Quizás no haya ninguna habilidad fisiológica tan fundamental como la resistencia al impulso. Es la raíz de todo el autocontrol emocional, ya que todas las emociones, por su propia naturaleza, conducen a uno u otro impulso a actuar[1].

Naturalmente, la manera en que somos educados en la niñez está íntimamente relacionada con la habilidad del dominio de uno mismo. Si nuestros padres hicieran todo lo que quisiéramos y nos compraran todo lo que deseáramos, nuestro autocontrol será infimo. Por suerte, la práctica del ayuno en el Islam puede romper este condicionamiento negativo de la niñez.


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